Tierra y bancal - Fundación Galicia Verde

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PREPARACIÓN DEL SUELO


La producción de alimentos es el objetivo de la agricultura, pero hay que preocuparse de las consecuencias negativas que puede tener para la salud tanto de las personas como del medio natural. La agricultura ecosocial se distingue por ser respetuosa tanto con este como con las personas, sean productoras o consumidoras.

El suelo es un organismo vivo y tenemos que cuidarlo minimizando las labores, respetando su estructura, alimentando a la multitud de microrganismos que en el habitan para que sean ellos los que propicien alimento a las plantas, y todo ello en un entorno equilibrado. Si actumos de esta manera las plantas crecerán sanas y el suelo cada día producirá más, y los alimentos nos nutrirán correctamente y con mejores cualidades organolépticas.

ANÁLISIS DE TIERRAS
Cuando queremos conocer el estado de nuestra tierra para descubrir sus carencias, recurrimos a un análisis químico. Este análisis aporta datos sobre la composición cuantitativa, y a veces cualitativa, pero siempre referidos al momento de la toma de muestras: nos da la foto del momento. Pero lo cierto es que estos datos no reflejan los procesos de degradación que puedan estar en marcha como consecuencia de la erosión, la lixiviación, etc. Para tener una idea exacta del estado en que se encuentra el terreno podemos realizar otro tipo de análisis que ponen de manifiesto posibles procesos de degradación en marcha. Este tipo de análisis, además, tiene la gran ventaja de que resulta muy económico y lo puede realizar cualquier persona con pocos medios técnicos y en muy poco tiempo.

El suelo, como organismo vivo que es, nace (creación), se desarrolla (fertilidad) y muere (desertización).  

Pero vayamos por partes. Veamos cómo se ha formado el suelo, cómo se puede mejorar, cómo se puede degradar o incluso desertificar para que, a la vista de estos conocimientos, podamos mantener la fertilidad de nuestro suelo durante muchísimos años, e incluso irla mejorando sin necesidad de recurrir a ningún tipo de abono químico. Vamos a ver cómo tratar el suelo para mantener su época fértil durante muchos años y evitar su muerte.

Si abrimos una pequeña zanja en la tierra, en una zona que no haya sido labrada por el hombre, vamos a poder analizar cómo se ha formado el suelo.  

Existen dos orígenes: uno es vegetal y se forma en la parte de arriba a partir de las hojas, las raíces, los animales muertos, etc., que se van descomponiendo; el otro es de abajo arriba. Si vais profundizando, veréis que hay tierra mineral, arena, piedras, etc.  

La fusión de la parte superior, conformada por materia orgánica, con la parte inferior, conformada por mineral más o menos desmenuzado, es muy importante para la agricultura y, concretamente, para mantener la fertilidad.  

Las plantas se alimentan de sustancias minerales y toda la aportación de superficie es orgánica. ¿Cuál es su función? ¿Cómo se transforma? ¿Quién lo hace?

Vamos a analizarlo.

Ante la pregunta: ¿puede reaccionar la materia orgánica que constituye el horizonte superior con la materia mineral que conforma el horizonte inferior?, la respuesta es negativa, evidentemente; pero éste es uno de los grandes milagros que tienen lugar a nuestro alrededor, en la naturaleza. Si se dan las condiciones adecuadas, es posible que ambas sustancias, orgánica y mineral, interaccionen.

Conviene observar que ese corte que hemos practicado en la tierra está conformado por una serie de capas. En la capa superior están las hojas, ramas, restos de animales, sus deshechos, etc.; y en la más profunda está la roca de la cual procede la parte mineral de ese suelo. Observamos varias capas de diferentes colores. El conjunto de estas capas es lo que se conoce con el nombre de perfil, y cada capa recibe el nombre de horizonte. Un perfil está formado por varios horizontes. Vamos a verlo con más detalle.

La parte mineral, o inorgánica, procede de la roca que observamos en la parte más profunda, en el subsuelo. A esta roca la denominamos roca madre, porque es la que ha dado origen a la parte inorgánica a través de su alteración por procesos físicos, químicos y biológicos que la han ido troceando en partículas cada vez más pequeñas. Es muy interesante conocer la composición de la roca madre (es fácil de consultar en cualquier libro de geología) porque de esta manera conoceremos los minerales que contiene nuestro suelo y que, por tanto, no habrá que añadirle.

Según se va disgregando, la roca madre se rompe primero en piedras, que posteriormente darán lugar a las arenas (que son partículas más pequeñas) y éstas, a su vez, se disgregan en otras mucho más pequeñas que son los limos. El final de este proceso de disgregación son las arcillas. Es decir, que las arcillas son las partículas más pequeñas en las que se ha disgregado la roca madre. Este proceso se produce de abajo arriba.

La disgregación de la materia orgánica se produce de arriba abajo. Toda la materia orgánica que cae al suelo, bien sea de origen vegetal (hojas, ramas, hierba, etc.) o animal, por acción de los microorganismos, se va disgregando y descomponiendo en partículas cada vez más pequeñas; durante este proceso, y por acción de esos mismos microorganismos, se va oxidando y alterando, dando lugar al humus (la tierra negra que descubrimos en un bosque virgen debajo de la hojarasca en descomposición). El humus es la partícula más pequeña en que se disgrega la materia orgánica.

Estas partículas más pequeñas de origen mineral (arcillas) y orgánico (humus) son conocidas por el nombre de partículas coloidales.  

El estado coloidal, cualquiera que sea su origen, tiene una característica muy importante, que es la de enlazarse con otras partículas coloidales, lo que hace a través de enlaces minerales; es decir, que el estado coloidal orgánico (humus) puede enlazarse con el estado coloidal inorgánico (arcilla) por medio de minerales, originando lo que conocemos como complejo húmico-arcilloso. Este complejo es importantísimo pues de él depende la fertilidad de nuestro suelo.  

Así es cómo funcionan los suelos, y no debemos alterar el orden de los horizontes con laboreos, fresados, etc., puesto que al hacerlo mezclamos los horizontes e impedimos que se forme el complejo. Veamos cuáles serían las consecuencias de lo anterior.  

Considerado aisladamente, el humus no es un abono (una tierra negra no tiene por qué ser necesariamente fértil, su color únicamente nos indica que tiene mucho humus, es decir: potencial de fertilidad, ya que puede ser mineralizado), pero es interesante porque está formado por partículas con capacidad para asociarse con las arcillas y, a través del complejo húmico-arcilloso, mantener la fertilidad de la tierra conservando los minerales para cuando la planta los necesite. ¿Os dais cuenta de la importancia de este complejo húmico-arcilloso?: es la reserva de minerales para alimentar a la planta, y la podemos activar a través de la acción de los microorganismos.

Los coloides, que se forman en el suelo, pueden unirse a otras partículas como por ejemplo de agua. Por eso, cuando regamos en exceso o cuando llueve mucho, el agua sale con un color turbio,  porque se une a los coloides y los arrastra, haciéndonos perder ese potencial de fertilidad. Por eso es conveniente que la tierra esté siempre bien cubierta y no regar en exceso, porque ese exceso de agua arrastra coloides.  

El complejo húmico-arcilloso es de los más importantes por estar formado por coloides inorgánicos y orgánicos.

¿Cómo se enlazan ambos coloides? Lo hacen a través de elementos minerales simples, originando pequeños grumos que son fundamentales para el buen funcionamiento del suelo al que estructuran. Los complejos más estables son aquellos que utilizan un enlace con partículas de hierro (entre humus y arcilla) y una envuelta de calcio. Con esto ya tenemos claro el por qué en nuestra tierra es necesario controlar el estado del hierro y del calcio: para garantizar la creación del complejo húmico-arcilloso. De las muchas propiedades que tiene este complejo, citaremos tres fundamentales:

  1. Gracias a este complejo se crea en el suelo una estructura estable formada por grumos de arcilla, humus, hierro y calcio.
  2. Dado que en este complejo están retenidas las partículas minerales más sencillas, la planta puede utilizarlas cuando las necesite. Las arcillas están formadas por una serie de capas en las cuales están depositados los elementos minerales simples. Una arcilla es más rica cuantas más láminas tiene y, por tanto, retiene más minerales.
  3. También es importante este complejo porque tiene la capacidad de retener agua impidiendo que se pierda, para que así la planta la utilice cuando lo necesite.

Una vez que ésto va quedando claro, conviene insistir una vez más en la necesidad de mantener la estructura del suelo y evitar al máximo las labores profundas, que romperían los horizontes.

 
DINÁMICA DEL SUELO

Aunque lo parezca, el suelo no es algo estable, sino que en él se están produciendo cambios continuos por la acción tanto del agua como de los  microorganismos y los numerosísimos seres vivos que lo habitan: lombrices de tierra, hongos, bacterias, multitud de ácaros, topos, etc. Debido a la acción de todos estos elementos, en la tierra se producen movimientos en dos direcciones: ascendente y descendente. Toda esta actividad nos hace considerar al suelo en su conjunto como un ser vivo que nace, o se hace, mantiene la fertilidad y puede morir.
El movimiento descendente lo origina mayoritariamente el agua, y se conoce con el nombre de lixiviación. Antes ya nos habíamos referido a la turbidez del agua debida a los coloides que arrastra, afectando, en función de su solubilidad, al hierro, al calcio, al sodio y al potasio, así como a las partículas coloidales que estén sin enlazar. Esta lixiviación origina pérdidas en muchos casos irrecuperables, por lo que siempre debemos evitar el exceso de agua; la vegetación acidificante (como pinos y eucaliptos), que crea un humus de baja calidad que no puede asociarse y originar el complejo húmico-arcilloso (por eso se dice que estas especies acidificantes no crean tierra). La lixiviación también arrastra los abonos inorgánicos, pesticidas, etc., contaminando acuíferos y cauces de agua. Así mismo, las pendientes pueden dar lugar a grandes escorrentías, con destrucciones de tierra irreparables. En las zonas llanas hay menos escorrentía, aunque debemos vigilar que no se produzcan encharcamientos.

Hay que conocer la roca madre de nuestra parcela pues, según su composición, puede ser más o menos rica en elementos simples, que faciliten los enlaces.

¿Cómo puedo reducir el impacto de la lixiviación?  Utilizando frondosas, cuyas hojas se descomponen rápidamente en humus de calidad, a partir del cual se crea fácilmente el complejo húmico-arcilloso. Por eso decimos que las frondosas ‘crean tierra’.

Los movimientos ascendentes tienen lugar, entre otras causas, por la acción de las raíces de los vegetales y por capilaridad, aunque también pueden deberse a la acción de los animales que, al perforar y mover los distintos horizontes, van mezclando y modificando el perfil del suelo. Por ejemplo: la acción de los topos, que extraen tierra de las partes inferiores al excavar sus galerías. También es importante la acción de algunas plantas, que con sus raíces pueden alcanzar profundidades de más de 20 ó 30 metros, extrayendo minerales que de otra forma nunca llegarían a la superficie.

 
COMPOSICIÓN DEL SUELO

El suelo presenta una gran complejidad, así que para comentarlo y comprenderlo simplificaremos su perfil en tres horizontes:

  • El horizonte A, de lixiviación, está formado básicamente por materia orgánica entera o poco descompuesta: hojas, animales muertos, heces, etc. Contiene pocas sales minerales, ya que son arrastradas hacia abajo por las aguas al infiltrarse. En él se encuentran las raíces de la mayoría de las plantas y se divide, a su vez, en varios estratos. Suele ser oscuro y rico en humus.
  • El horizonte B, de precipitación (denominado también subsuelo), es de color claro debido a su pobreza en humus. Presenta una acumulación de sales de calcio (Ca), aluminio (Al) o hierro (Fe) procedentes de niveles superiores.
  • El horizonte C, situado más abajo, tiene poca actividad. Está formado por fragmentos procedentes de la meteorización mecánica y/o química de la roca madre subyacente.

En el fondo se encuentra la roca madre que dio origen a la parte mineral de ese suelo.
En este perfil, que no debemos romper con laboreos innecesarios, queda patente el origen del suelo: de arriba hacia abajo, con la incorporación de la materia orgánica; y de abajo hacia arriba, con incorporación de la inorgánica, con una zona intermedia de interacciones mutuas.  

Si destruimos esta estructura, dañaremos el proceso natural y alteraremos las condiciones de desarrollo de las plantas y la vida de los microorganismos, pues alteraremos factores tan importantes como: permeabilidad, porosidad, aireación, etc. Como consecuencia directa, afecta a la distribución de las partículas sólidas que forman el terreno (textura) y a cómo están unidas entre si (estructura).

 
TEXTURA DE LA TIERRA

La textura del suelo se refiere a la cantidad y tamaño de las sustancias inorgánicas que posee: arena, limo y arcilla. Para conocer esta textura utilizaremos un tamiz de 2 mm. y haremos pasar por él la tierra para realizar una granulometría; quedarán en el tamiz las partículas mayores de 2 mm., separadas de las partículas de tierra fina inferiores a 2 mm. En esta segunda fracción están las arenas, que son las partículas más gruesas, con tamaños que oscilan entre 2 y 0,02 mm., y otras partículas más pequeñas de entre 0,02 y 0,002 mm. que constituyen los limos (si los humedecemos ligeramente y los frotamos entre los dedos, producen una sensación jabonosa pero no pegajosa) que sólo se ven al microscopio. Aunque la arena es materia inerte, cumple una función importante en la estructura física de la tierra, puesto que facilita la circulación del aire y el drenaje del agua. Finalmente, las partículas más pequeñas, de un tamaño inferior a 0,002 mm., son las arcillas, que tienen una gran actividad química por lo que son muy importantes para la estructura de la tierra y para alimentar a las plantas. Constituyen la parte coloidal inorgánica, y si las frotamos ligeramente humedecidas entre los dedos, resultan pegajosas y dejan manchas.

Las características del suelo variarán según la proporción de cada uno estos elementos, y en base a esta proporción el suelo permitirá circular mayor o menor cantidad de aire, será más o menos impermeable, tendrá mayor o menor capacidad de retener agua, etc. En función de estas características, podemos clasificar los terrenos en tres grandes grupos:

  • Arenosos, que son aquellos en los que predomina la arena y son muy filtrantes, secan rápidamente y no se encharcan. Además, permiten que circule el aire con facilidad, se enfrían y calientan rápidamente y, debido a estas condiciones, la materia orgánica se descompone rápidamente. Son tierras muy fáciles de trabajar, por eso las conocemos como “ligeras”.
  • Arcillosos, que son los que contienen una cantidad importante de arcilla. No dejan pasar el agua fácilmente y por ello se encharcan. Al ser más compactos dejan circular menos aire, lo que, junto con el encharcamiento, puede asfixiar las raíces. Este tipo de terrenos se enfrían o calientan más lentamente. Como ya citamos anteriormente, tienen gran actividad química y, según la calidad de las arcillas, una gran capacidad de fijación de elementos nutritivos. Estas tierras se conocen como “pesadas y plásticas”
  • Limosos, que son los que tienen predominio de limos, tienen todos los problemas de las arcillas pero agravados; es decir: no circula el aire, se encharcan con facilidad, etc.  


EL SUELO IDEAL

Es aquel que mantiene un equilibrio entre las características que proporcionan los elementos anteriores, es decir: que deja circular una cierta cantidad de aire y agua; que no se encharca con facilidad; que tiene una cierta facilidad de manejo, etc. Este tipo de tierra se conoce con el nombre de “franca”, y en ella existe una proporción aproximada de 45 % de arena, 40 % de limos y 15 % de arcilla.  

ESTRUCTURA DE LA TIERRA

Desde el punto de vista agrícola, definimos la estructura de la tierra como la manera en que se unen las distintas partículas del suelo para formar agregados y la unión de éstos entre si. De ella depende que las raíces del cultivo penetren adecuadamente en el suelo, que circulen bien el aire y el agua, y que sea más o menos intensa la vida microbiana del suelo.

Podemos mejorar esta estructura añadiendo materia orgánica, que posteriormente se transformará en humus y, simultáneamente, no compactándola con la utilización de maquinaria pesada, y menos si el terreno está húmedo. Por el contrario, utilizaremos maquinaria muy ligera, creando coberturas vegetales que impidan la acción directa tanto de la lluvia como del sol, con lo que se incrementará la actividad de los seres vivos. Cuando trabajamos esta tierra en exceso, o la regamos demasiado, deshacemos los terrones de esta estructura. Igual puede suceder utilizando maquinaria muy pesada o cuando hay heladas (una buena cobertura vegetal impide la acción de las heladas).

Anteriormente indicamos que había que considerar el suelo como un organismo vivo, cambiante; pues bien, recordemos que el suelo nace cuando empiezan a interaccionar entre sí los elementos orgánicos e inorgánicos, creando la estructura y la textura de la tierra. Una vez formada, mantiene la capacidad de producir en función de su constitución y mientras ésta se mantenga, lo que se consigue mediante la estabilización del complejo húmico-arcilloso.

 
LA MUERTE DEL SUELO

La muerte del suelo tiene lugar cuando destruimos su estructura y su textura, lo que puede suceder bruscamente (por ejemplo, en el caso de incendios forestales seguidos de fuertes lluvias); o ser un proceso más lento en el que intervienen la erosión, el exceso de laboreo, la plantación masiva de especies acidificantes (pino, eucalipto …), etc.

Evidentemente, lo que nos interesa es prolongar la etapa de fertilidad del suelo, es decir: la etapa de madurez y, a ser posible, mejorarla. Para ello debemos tener en cuenta algunos parámetros que veremos con detalle cuando abordemos el análisis de tierras, y que son principalmente el calcio, el hierro y la acidificación. Cuando hablamos del análisis de tierras no lo hacemos únicamente desde un punto de vista cualitativo o cuantitativo, sino que analizamos (y ésta es una de las grandes ventajas del “método Hérody”) la movilidad de los elementos. Un método convencional nos informará, por ejemplo, de si hay hierro o no lo hay, o en qué cantidad, pero con el método Hérody sabremos si podemos estar en un proceso de lixiviación de hierro, y sería el momento de tomar medidas.

 
CONSIDERACIONES A TENER EN CUENTA SOBRE EL SUELO

Hemos visto anteriormente que la materia orgánica y la inorgánica van creando diversos horizontes y que cada uno tiene su razón de ser. Para mantenerlos activos  hay que:

  • Conocer la roca madre. Esta roca puede ser dura o puede ser blanda, y ello determinará con qué rapidez puede liberar minerales. Por otro lado, está la composición de esta roca, ya que nos indica qué minerales va a facilitarnos y de los que seguramente no tendremos que preocuparnos.
  • Tener en cuenta la climatología. Ya hemos hablado de la lixiviación de elementos, debida fundamentalmente a la abundancia de agua; pero debemos hablar también de otros parámetros climatológicos que afectan directamente a nuestro terreno, como puede ser la temperatura, los cambios bruscos o no de esta temperatura, la acción del viento y, fundamentalmente, por ser el más importante, el agua, disolvente universal por excelencia. Los tres elementos: agua, viento y temperatura están íntimamente relacionados.
  • Considerar la orografía del terreno. Resulta evidente que la acción de los elementos citados anteriormente es más intensa en las cumbres, y es precisamente de aquí de donde parten las partículas más pequeñas que son arrastradas hacia los valles.
  • Y hay un último elemento importante que no se ve pero que está presente y que resulta vital, que es el factor biótico, consecuencia directa de la acción de todos los seres vivos que hay sobre el suelo y dentro de él.  

Dada su importancia, vamos a ver estos puntos con más detalle.  
Entre los macroorganismos, cabe destacar la acción de las raíces de todo tipo de plantas, ya que penetran por todas las grietas favoreciendo la porosidad. Las plantas actúan en superficie, protegiendo el suelo de la acción del agua y del viento; o bajo la misma, a través de las raíces.  

Podemos clasificar las plantas en dos grandes grupos: por un lado están las acidificantes, como los pinos y los eucaliptos, que aportan un humus de mala calidad, poco estable y que, por tanto, favorecen la pérdida de elementos minerales, razón por la que decimos que las plantas acidificantes no crean suelo, sino que lo destruyen y abren las puertas a la desertización; y por otro lado, están las plantas creadoras de suelo, las que lo mejoran con sus aportes creando un humus de calidad con el que se conforma fácilmente el complejo húmico-arcilloso. Es el caso de los robles, los castaños, etc.

Un grupo importante para la mejora del suelo lo constituyen los animales de todo tipo como topos, lombrices, artrópodos, etc., que ayudan a disgregar la materia orgánica y a humificarla.

Menos visibles, pero no por ello menos importantes, son los microorganismos. Los hay de origen animal y vegetal; los primeros se alimentan de los segundos, manteniendo el equilibrio. Citaremos como ejemplo el de las amebas: son tan numerosas que en 1 Ha. puede haber entre 100 y 300 kilos, a pesar de ser seres microscópicos.  

Entre los de origen vegetal están las algas (especialmente en zonas húmedas); los hongos que, al ser heterótrofos y aerobios, intervienen directamente en la transformación de la materia orgánica y con sus micelios mejoran la estructura del suelo, ayudando a la descomposición de la lignina y pudiendo entrar en síntesis con las raíces de las plantas para favorecer las microrrizas y hacer que las plantas nazcan más vigorosas.

También existen los actinomicetos, que estabilizan la estructura del suelo con sus largos filamentos y de paso lo sanean, puesto que agregan antibióticos; o las bacterias, capaces de transformar prácticamente todas las sustancias, aunque les gusta vivir en medios poco ácidos y ricos en nitrógeno.

Para comprender mejor los procesos que tienen lugar en el suelo con relación a las plantas, es útil que hablemos de la nutrición de las mismas.


¿CÓMO SE ALIMENTAN LAS PLANTAS?

Todas las plantas tienen dos partes bien diferenciadas: una aérea y otra subterránea, y se nutren tanto por la una como por la otra, es decir: tanto por las hojas como por las raíces.

Para tener alimentos de calidad, nutritivos, es el momento de hacer una reflexión que suponga un cambio de mentalidad. En vez de mirar exclusivamente la producción debemos prestar atención al suelo como ser vivo, para hacerlo cada día más fértil, para que las plantas nazcan más sanas y vigorosas y puedan proporcionarnos productos de mayor calidad. Cuando cuidamos el suelo, estamos cuidando las plantas.    

Hemos dicho que las plantas se nutren por la parte aérea o por las raíces; pues bien: por la parte aérea absorben casi el 95 % del alimento que necesitan bajo la forma de átomos de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno, razón por la cual necesitamos disponer de un aire limpio, sin contaminantes, sin polvo (obtura los estomas y dificulta la alimentación a través de las hojas) y además porque lo que la planta absorba acabará llegando nuestro propio organismo, contaminándonos. El 5 % del alimento restante que la planta necesita para nutrirse, lo absorbe a través de las raíces. Suelen ser átomos como el potasio, cloro, fósforo, boro, calcio, magnesio, azufre, hierro, manganeso, molibdeno, cobre y zinc, además de otros elementos cuyo papel todavía no es muy bien conocido.   

Las plantas son unos seres maravillosos que tienen, entre otras, la capacidad de seleccionar aquello que necesitan para construir su estructura; es decir: que se nutren de alimentos cuya composición es totalmente diferente a la suya propia. Estos elementos nutritivos son muy abundantes en la naturaleza, y lo que tenemos que hacer con las prácticas de agricultura ecológica  es ponerlos a disposición de la planta para que los utilice cuando los necesite.


FERTILIDAD

Entendemos por fertilidad del suelo la capacidad que tiene para sustentar el crecimiento de las plantas y optimizar el rendimiento de los cultivos. Evidentemente, la fertilización tiene como objetivo mantener e incrementar la fertilidad.  
      
El suelo, por vocación natural, tiene posibilidades de producción, y si lo dejamos evolucionar sin intervenir poco a poco se irá colonizando con las especies vegetales adecuadas, aquellas que mejor aprovechen las características de ese suelo. El problema surge cuando interviene la mano del hombre para cultivar otras especies vegetales que le interesan, a pesar de que no sea el suelo idóneo para ese cultivo y recurriendo a prácticas agrícolas agresivas. Si se aplican las prácticas adecuadas para favorecer al suelo, se puede ir mejorando su fertilidad; en caso contrario, pueden conducir a una pérdida de fertilidad e incluso originar problemas sanitarios.
LA GESTIÓN DE LA MATERIA ORGÁNICA

La tierra es un organismos vivo, cambiante, al que es necesario prestar atención y cuidar con esmero, con amor. Si goza de buena salud (buena estructura) su rendimiento será óptimo y nos proporcionará magníficas hortalizas.

Por otro lado, hemos aprendido también que las plantas se alimentan a través de las hojas, absorbiendo elementos del aire; y a través de las raíces, gracias a la mineralización de la materia orgánica que aportan billones de microorganismos.

Estos vegetales, sean árboles, hierbas u hortalizas, a lo largo de su ciclo vital le devuelven a la tierra todo lo que de ella obtuvieron, y que queda a merced de los siguientes cultivos. El ciclo es eterno.

La  roca madre, aquella que dio origen al suelo, permanece inmutable, modelada por los agentes climáticos, marcando las características de nuestro suelo.

Nosotros tenemos la oportunidad de colaborar en este proceso para, poco a poco, ir incrementando su fertilidad y eso lo hacemos, fundamentalmente, a través del manejo de la materia orgánica.

Una buena gestión de la materia orgánica tendrá como consecuencia un incremento de la fertilidad, mientras que un manejo inadecuado podrá abrir la puerta a la desertización.

En uno de los anteriores módulos hemos visto cómo manejar la materia orgánica, pero vamos a  hacer un breve resumen de sus aspectos más importantes:

  • El compostaje es una de las formas más habituales para aportar materia orgánica a nuestro suelo; pero hay que tener presente que el compost puede estar semihecho o bien maduro. No se deben tratar de igual manera ambos tipos de compost,  pues afectan de forma distinta a las raíces de las diferentes hortalizas.
  • Además del aporte de compost, otra de las opciones que vamos a manejar es la cobertura permanente. Ya hemos visto las ventajas de utilizar una cobertura de materia orgánica para mantener la humedad y la temperatura de la tierra y para ir alimentando, paralelamente, a los microorganismos que subyacen bajo ella. Podemos conocer la cobertura también como compostaje en superficie, puesto que se va a ir incorporando a la tierra poco a poco.
  • La mejor forma de manejar la materia orgánica es hacerlo en función de las plantas que vamos a colocar en cada bancal. Por eso os recomiendo que veáis con calma los datos que incluimos a continuación.

 
6.1  CLASIFICACIÓN DE PLANTAS POR EL CONSUMO
Podemos clasificar las plantas en cuatro grandes grupos, en función de su consumo. Es importante tener esto en cuenta a la hora de establecer en nuestra huerta rotaciones de cuatro años, puesto que cada grupo aprovecha lo que deja la plantación anterior, o enriquece el terreno para comenzar de nuevo ciclo.
Plantas muy exigentes son aquellas que necesitan mucha materia orgánica, bien sea compost joven o estiércol.
  • Patata, calabaza, calabacín, tomate, pimiento, berenjena, melón, pepino, sandía, col, coliflor, maíz, espinaca, acelgas.
Plantas medianamente exigentes son las que precisan una buena cantidad de nutrientes, pero que con un pequeño aporte de compost se pueden desarrollar después de un cultivo exigente. En general, necesitan un compost muy descompuesto.
  • Lechuga, escarola, puerro, rábanos, zanahorias, remolacha, rabanitos.

Plantas poco exigentes  son las que necesitan pocos nutrientes.
  • Ajo, cebolla, guisantes, habas, judías, soja, lentejas, altramuz.

Plantas mejorantes son aquellas que no sólo no necesitan muchos nutrientes, sino que además enriquecen el suelo mientras crecen.
  • Trébol, habas forrajeras, veza, alfalfa, ray-grass.
 
Como observamos en la clasificación anterior, las plantas muy exigentes, como las patatas, necesitan mucha materia orgánica, bien sea en forma de compost poco hecho o incluso estiércol. Pues serán las hortalizas de este primer grupo las que reciban una mayor cantidad de ese compost fresco, recién hecho y, si disponemos de él, algo de estiércol. Esto suele aplicarse sobre la tierra en superficie, aproximadamente 20 días antes de la siembra y previa retirada de la cobertura. Una vez extendida la capa de compost y/o estiércol, volveremos a colocar la cobertura para optimizar la acción de los microorganismos. Si queremos que esta acción sea más intensa, podemos regar con el biopreparado líquido que hemos aprendido a hacer.

En el extremo opuesto tenemos las plantas mejorantes, a las que no es necesario añadirles ningún tipo de compost. A las plantas medianamente exigentes, o a las poco exigentes, en caso de necesitar añadirles algo de compost, éste deberá estar bien hecho.

Una tercera aportación importante de materia orgánica, que ya hemos visto con detenimiento, es la aplicación de abonos verdes; es decir: la plantación de especies vegetales que no vamos a utilizar y que cortaremos antes de que florezcan para que se vayan incorporando, poco a poco, al terreno, actuando además como cobertura.

Queda claro que una de nuestras principales labores para incrementar la fertilidad de nuestro terreno y obtener cosechas abundantes, es la gestión de la materia orgánica. Por eso es recomendable hacer compost en distintas épocas del año para tenerlo disponible cuando queramos y en el estado en que lo necesitemos. Como mínimo, deberíamos empezar montones de compost en verano y en otoño, para tenerlo disponible para las siembras de otoño y de primavera. Es evidente que la época de comienzo es variable en función de la climatología, por lo que debemos empezar experimentando en nuestra huerta cuál es la mejor fecha, teniendo siempre presente que el compost, una vez terminado, no se va a estropear y puede permanecer en el suelo bastante tiempo.


HORTICULTURA ECOLÓGICA

Todo lo que hemos tratado en los capítulos anteriores es aplicable en nuestra huerta, pero no me cansaré de repetir que las plantas son el fruto del medio y éste es el suelo con todos sus componentes: los organismos vivos que en él habitan, su estructura y textura, el microclima, etc. Ya hemos visto cómo manejarlos.

Para el agricultor, la práctica de la horticultura ecológica significa dejar de explotar la tierra y volver a cultivarla corrigiendo los desequilibrios que se han producido en el medio como consecuencia de la aplicación de técnicas agrícolas que no han tenido en cuenta la relación microorganismos-plantas-animales, y que se han limitado a utilizarla como un mero soporte al que se le han añadido todo tipo de sustancias químicas de síntesis, haciendo que los agricultores se hagan dependientes de estos insumos.

La agricultura ecológica hace autosuficiente al agricultor, si éste aprende a gestionar los medios naturales de que dispone, sin necesidad de ningún tipo de insumos.

Los abonos químicos de síntesis, muy solubles y contaminantes, son sustituidos por abonos orgánicos fermentados (compost, abonos verdes, estiércol, etc.) que el agricultor puede producir en sus propias instalaciones mixtas, en las que agricultura y ganadería se complementan.

En vez de utilizar productos fitosanitarios desarrollados para matar determinadas plagas perjudiciales para los cultivos, pero que también eliminan muchos insectos beneficiosos, se procede a restaurar el equilibrio mediante un adecuado manejo de la tierra y de las plantas, utilizando como tratamiento preparados a base de plantas, en caso necesario.

Las grandes extensiones de monocultivos con utilización de maquinaria pesada que compacta la tierra y destruye su estructura, da paso a la diversificación (rotaciones y asociaciones) y a la eliminación de la maquinaria pesada, sustituyéndola por otra más ligera o incluso eliminándola.

Como base de la horticultura ecológica, el agricultor utilizará las semillas nativas que ha heredado de sus antecesores (son propiedad del pueblo y, por tanto, son Patrimonio Genético de la Humanidad), que están adaptadas a sus circunstancias y a las características climatológicas y edafológicas de su zona, sustituyendo las variedades híbridas y transgénicas que aparentemente producen más, pero que en realidad contienen menos nutrientes y, por lo tanto, desnutren a la población.

La materia orgánica que, como hemos visto, es fundamental para la protección del suelo y su alimentación, pasa a primer término y deja de ser un problema contra el que se han utilizado masivamente herbicidas químicos altamente contaminantes.

Finalmente, resumiremos diciendo que el agricultor que practica la agricultura ecológica debe estar orgulloso de su trabajo, puesto que lleva a cabo una auténtica protección medioambiental, conserva y mejora la estructura de la tierra, no crea residuos tóxicos y produce alimentos más nutritivos y de mayor calidad. Justo lo contrario es lo que hace la agroquímica que, a pesar de prometer acabar con el hambre en el mundo, lo que ha hecho ha sido incrementarla y agrandar las diferencias sociales. El agricultor ecológico puede complementar su actividad con el desarrollo de una nueva industria alimentaria elaborada a partir de alimentos más sanos y nutritivos, especialmente si los dedica a la venta en proximidad, que es lo aconsejable.

Una de las consecuencias directas de la práctica de la agricultura ecológica de proximidad es la fijación de población en el medio rural, necesidad que en España se hace más patente día a día.


LA BIODIVERSIDAD
El origen de la biodiversidad agrícola se entrelaza con el origen multifocal de la agricultura que, según Braidwood, procede de cazadores-recolectores en estrecha relación con el medio ecológico que generaron procesos de arraigo territorial y de diversificación de las fuentes alimentarias.

Podemos clasificar las variedades de cultivo en “convencionales” y “tradicionales”. Mientras que las primeras (‘convencionales’) se han creado en laboratorio buscando una alta productividad y uniformidad genética, las segundas han sido seleccionadas por los campesinos a lo largo de los siglos, y ofrecen una mayor capacidad de resistencia y una mejor adaptabilidad a diferentes condiciones de cultivo y resiliencia.

De estas dos variedades de cultivo surgen dos modelos agrícolas: por un lado, el modelo de agricultura industrial, basado en las semillas convencionales y en los monocultivos. Este modelo ha sido muy perjudicial para la biodiversidad agrícola, siendo señalado por la propia FAO como la principal causa contemporánea de pérdida de diversidad genética.

Este modelo agrícola se justificaba por la búsqueda de la eficiencia y la productividad, y sobre todo de la alta rentabilidad. La realidad ha puesto de relieve que sus efectos han sido totalmente los contrarios, desertizando (o pre-desertizando) grandes extensiones, deforestando, contaminando acuíferos, destruyendo la biodiversidad y la estructura del suelo y, en definitiva, creando más desigualdades y más hambre en el mundo, todo lo cual supone un grave peligro para la salud del ecosistema, del que también formamos parte las personas. Cierto es que lo que este modelo produce también se come, pero con un valor nutritivo notablemente reducido.

El segundo modelo, el que se basa en las semillas tradicionales, es justo lo contrario. No se trata de volver al pasado, sino de integrar los conocimientos actuales en los tradicionales y buscar sistemas complejos que incluyan al suelo como precursor y, a la vez, receptor de la biodiversidad del sistema. Este modelo no lucha contra la naturaleza sino que la imita y complementa, integrando en la producción agrícola cultivos: hierba, huerta, árboles, especies forestales, setos, abonos verdes, ganado, polinizadores, la microflora y la microfauna del suelo y a las propias personas.

Es importante que comprendamos la importancia de la biodiversidad de los agroecosistemas, ya que de ella depende la supervivencia de la Humanidad. Podemos ser muy sensibles, por ejemplo, a la desaparición de un tipo de elefante; pero no somos conscientes de la gravedad que supone la pérdida de variedades agrícolas fundamentales para nuestra alimentación.

Esta pérdida de biodiversidad agraria es consecuencia de la irrupción en el mercado de las grandes corporaciones, que anteponen el rendimiento económico a cualquier otra consideración.

Son más de 10.000 años de acumulación genética en las variedades tradicionales lo que está en peligro de desaparición. El agricultor ecológico es de importancia vital para frenar este deterioro genético, y para ello necesita tomar conciencia de la gravedad del problema.

Los organismos internacionales han reaccionado tardíamente creando bancos de conservación de recursos fitogenéticos. Pero la realidad es que esta creación no respondía a la necesidad de preservar esta diversidad genética para las futuras generaciones y para las comunidades campesinas, sino para que los fitomejoradores pudieran seguir disponiendo de genes para llevar a cabo su trabajo. Precisamente esta recombinación de genes fue la que condujo a la desaparición masiva de la diversidad genética en el mundo.

El agricultor ecológico debe volver a tomar conciencia de la importancia de las semillas tradicionales, produciendo sus propias semillas y no dejándolas en manos de casas comerciales. Ya hemos visto las dramáticas consecuencias de esta práctica cuando hablamos de la ‘Revolución Verde’. Si miramos a nuestro alrededor podemos observar cómo las pequeñas casas de semillas locales han desaparecido, a la par que el comercio mundial de semillas ha ido quedando en manos de cuatro grandes productores.

Recuperar la función de producir semillas, que es un proceso natural mediante el cual las plantas tienden a reproducirse, es tarea de la comunidad, especialmente del sector productivo, pero también de las autoridades administrativas y de los consumidores.

Cuando se utiliza el término ‘variedad’, no se nos oculta que lo que se vende es una semilla comercial patentada y que, por tanto, no puede ser reproducida de cara al futuro por parte del agricultor.

El agricultor debe tomar las riendas de su producción y de su futuro, manteniendo la biodiversidad y creando sistemas productivos sustentables en el tiempo.

No podemos obviar el hecho de que la agricultura es uno de los sectores más sensibles al cambio climático; en España estamos sintiendo su influencia fuertemente, siendo uno de los países más afectados de Europa. En un previsible escenario de tormentas, inundaciones, sequías, etc., es donde la biodiversidad juega un papel fundamental. En la genética de nuestras semillas tradicionales es donde podemos encontrar la adaptación de los cultivos a las nuevas condiciones meteorológicas; y en los conocimientos campesinos y sus sistemas tradicionales, las claves para adaptarnos a estas condiciones cada vez más cambiantes y exigentes.

La cadena alimentaria termina en el consumidor, por lo que es necesario que éste se conciencie de la importancia de la conservación de las variedades locales frente a los productos estandarizados. El consumo irresponsable, a ciegas, en las grandes superficies provoca la desaparición del producto local, con sus particulares características organolépticas que lo hacen único y también más nutritivo.

El mantenimiento de las variedades nativas locales pasa por la actividad de numerosos agricultores locales y de las Redes de Semillas, pero también por la demanda que de las mismas planteemos los consumidores.

Como dicen Bové y Dufour: ”Siempre habrá agricultura, cualquiera que sea la evolución política. El gran peligro sería que la desaparición progresiva de los campesinos la hiciera bascular hacia la otra vertiente, quedando totalmente en manos del sistema agroquímico y agroindustrial que acabará imponiendo en todas partes esa uniformidad que los ciudadanos no quieren”.

EL SUELO, ORGANISMO VIVO

Vamos a profundizar en el conocimiento del suelo para hacernos una idea más clara de cómo funciona y, por lo tanto, intentar no perjudicarlo con cualquier tipo de práctica. Tal como comentamos anteriormente, nuestra principal labor es cuidar el suelo, y para que un suelo sea fértil debe estar bien estructurado.

Las etapas de formación del suelo son tres:

  • La primera es la formación del suelo a partir de la roca madre, por alteración tanto física como química. Recordaréis que luego surgió la materia orgánica en la superficie, estableciéndose una serie de movimientos en ambas direcciones, de arriba abajo y de abajo arriba, por acción de la lixiviación, los microorganismos, las raíces de las plantas, etc. Los elementos resultantes de esta actividad se han ido acumulando en la superficie creando ese horizonte de tierra parduzca, debido a la presencia de los coloides y del complejo húmico-arcilloso. El suelo está listo para producir, y entramos en la segunda etapa.
  • La segunda etapa es la que conocemos como etapa de maduración. En ella, el suelo va creciendo tanto por arriba, por aportes orgánicos, como por abajo, por disgregación de la roca madre. Existe un equilibrio entre el proceso de destrucción del complejo húmico-arcilloso por las plantas, para nutrirse, y la formación de los complejos. Si el proceso continúa, la tierra irá siendo cada vez más fértil. Evidentemente, lo que nos interesa es que esta etapa de maduración del suelo dure lo más posible, lo que supone una mayor producción durante más tiempo. Si no hacemos una buena gestión de esta fertilidad, entraremos en la tercera y última etapa.
  • La tercera etapa es la del envejecimiento del suelo por erosión, al separarse las arcillas de los humus, y al degradarse estos elementos. Este proceso puede tener un origen natural como en el caso del desierto, donde la escasez de lluvias ha propiciado la desaparición de la cubierta vegetal; pero también puede ser consecuencia de la actividad humana por un exceso de laboreo, incendios forestales, malas prácticas agrícolas, dejar el suelo desnudo, etc. Esta tercera etapa es la que conviene evitar, por lo que debemos prestar mucha atención a los procesos que la anuncian: la lixiviación, la acidificación por pérdida de bases del complejo húmico-arcilloso, y la movilización del hierro, perdiendo la estructura del suelo. Ya hemos visto cómo conocer esta situación a través del ‘método Hérody’. De nosotros depende que lo hagamos o no.


LABOREO

La finalidad del laboreo es favorecer el crecimiento y desarrollo de los cultivos. Puede aumentar el potencial productivo del suelo favoreciendo su estructuración y su estabilidad estructural, con lo cual se mejoran sus propiedades físicas y se permite una mayor profundización de las raíces.

Antes de realizar un laboreo hay que tener en cuenta una serie de consideraciones:
             
  • La profundidad de enraizamiento está limitada por el horizonte mineral.
  • La estructura y estabilidad están relacionadas con el complejo húmico-arcilloso. En los suelos donde no existe ese complejo, son los hongos y las raíces de las plantas los encargados de mantener esa estructura.
  • Los organismos de suelo, especialmente las lombrices, colaboran activamente en la creación del complejo húmico-arcilloso.
  • Los efectos del laboreo son tanto más favorables cuanto más equilibrado esté el contenido de humus en el suelo..
  • La invasión de plantas competidoras hay que verla como consecuencia de una mala práctica agrícola, como puede ser la adición de abono fresco o unas rotaciones demasiado cortas.

Por ser el laboreo una de las prácticas agrícolas que más puede dañar al suelo, y aunque ya lo tratamos anteriormente, vamos a profundizar más sobre este aspecto fundamental.

El laboreo tiene como finalidad mejorar la estructura del horizonte de enraizamiento, por lo que su profundidad vendrá determinada por el horizonte B. Es aconsejable no profundizar nunca hasta el horizonte C.

En un laboreo bien realizado, en primer lugar no debemos mezclar los distintos horizontes del suelo, por lo que las labores deberían ir encaminadas a aflojar el suelo sin mezclar ni alterar el orden de las capas. Si lo hacemos así, la materia orgánica se prehumificará antes de incorporarse al suelo, como ocurre de forma natural. Es importante minimizar el número de labores y, cuando haya que realizarlas, hacerlo con el suelo en tempero, que es un estado intermedio entre seco y plástico, y en el cual no se forman grandes agregados mediante la labor.

Normalmente realizaremos tres tipos de laboreo:
  • Uno superficial, en los primeros 5-10 cm., que tiene como finalidad preparar para la siembra o el control de hierbas competidoras, el aporcado de las plantas, etc.
  • Un segundo tipo de laboreo se realizaría hasta unos 20-30 cm., con la finalidad de favorecer la estructuración de la capa arable.
  • De manera esporádica podríamos realizar una labor más profunda a 50-60 cm., con el objetivo de romper el horizonte mineral. Esta labor se haría con un subsolador para abrir el terreno y facilitar la penetración del aire, el agua y los microorganismos, lo que así mismo facilita la penetración en profundidad de la raíz, de forma que las plantas resistan mejor la sequía.

Debemos considerar que parte del laboreo es el que realizan los seres vivos del suelo y las plantas, y que este trabajo no puede ser reemplazado por ningún tipo de trabajo mecánico; por eso insistiremos siempre en la necesidad de que, para que un suelo sea fértil, debe existir en él una gran actividad biológica. Ya hemos visto anteriormente cómo cultivar microorganismos.

COBERTURA

Todo lo dicho con anterioridad es válido también para la cobertura y, en el caso de una huerta, dadas sus dimensiones, es más fácil mantener la tierra siempre cubierta. Cada vez que la cobertura vaya desapareciendo por la actividad biológica que tiene lugar en el suelo, la iremos reponiendo. No perdamos de vista que esta es una inversión interesante, puesto que si la cobertura va desapareciendo es porque los microorganismos la van digiriendo y la van mineralizando y poniéndola a disposición de las plantas mediante la creación del complejo húmico-arcilloso. Es una manera muy efectiva de incrementar progresivamente la fertilidad de la tierra.

RIEGO

El agua es imprescindible para la vida y forma parte de todos lo seres vivos en un elevado porcentaje; por eso es importante que le prestemos una atención muy especial.

El agua tiene diversas procedencias: puede ser agua de escorrentías, que normalmente descienden por efecto de la gravedad cuando llueve o en un desbordamiento. Su desplazamiento es siempre de arriba abajo en zonas en pendiente. Una forma de minimizar sus destrozos es hacer cultivos en líneas de nivel que no tengan una inclinación superior al 1 %. Mediante esta técnica, que se debe utilizar en laderas, retenemos el agua, le quitamos fuerza y va siendo absorbida por el terreno impidiendo daños mayores. Esta agua que penetra la tierra queda en parte retenida entre las partículas, pudiendo ser absorbido por las plantas.

La cantidad de agua de origen natural de la que dispongamos depende de la cantidad de agua caída, bien sea en forma de hielo, de nieve o de lluvia. Como hemos dicho anteriormente, la posibilidad de aprovechar, o no, esta agua depende de la estructuración que vayamos haciendo del terreno, pero también de la cubierta vegetal que frena su descenso, así como de la textura y estructura del suelo según pueda absorber mayor o menor cantidad, en función de su porosidad.

Las plantas contribuyen a la circulación del agua, ya que la absorben del suelo a través de las raíces, junto con los elementos nutritivos que necesitan; posteriormente, devuelven al medio cerca del 98 % de esta agua a través de la transpiración de las hojas. Cuando la planta elimina por transpiración más cantidad de agua de la que recibe a través de las raíces, es cuando se necesita el riego, que debe ser mínimo en función de las condiciones del suelo.

Podemos incrementar las reservas de agua limitando la escorrentía, como acabamos de ver; pero también podemos incrementar la capacidad de retención del suelo favoreciendo la formación del complejo húmico-arcilloso y el enraizamiento profundo de las plantas.

Una buena cobertura elimina la pérdida de evaporación del agua del suelo, y un buen cortavientos colabora para reducir la evapotranspiración. Como veis, hay distintas posibilidades de aprovechar el agua y reducir el consumo del riego, planificando y estructurando nuestros terrenos de cultivo.

En una producción hortícola creemos que el mejor sistema de riego es la banda exudante que, al ir bajo tierra, minimiza la transpiración del suelo ya que llega directamente a las raíces, que es donde se necesita. Tiene una ventaja añadida y es que, al comienzo de la banda humectante, que funciona a muy baja presión, podemos situar un pequeño depósito (es suficiente una altura de metro y medio para que funcione por gravedad) para proporcionar directamente a las raíces de las plantas una aportación de nutrientes cuando sea necesaria, en forma de abono líquido.

Un beneficio añadido de este tipo de riego es que no moja la parte aérea de la planta y disminuye, por tanto, el riesgo de enfermedades criptogámicas; además, consume menos cantidad de agua.

TRATAMIENTOS VITALIZADORES

La utilización de los tratamientos vitalizadores tiene como principal objetivo incrementar la resistencia de las plantas frente a los agentes patógenos. Como utilizamos plantas que nacen de manera espontánea en nuestro entorno, y que no necesita ningún tipo de cuidado, constituyen un recurso importantísimo para la salud de nuestro huerto.

En caso de que en nuestro entorno no existan, se pueden plantar en un rincón donde no estorben y dejarlas desarrollarse a su aire.

Para hacer los preparados utilizaremos siempre plantas sanas, y si queremos secarlas para utilización en seco, las colocaremos en tramos en una zona fresca, seca y bien ventilada. Una vez secas, se conservan en grandes frascos bien cerrados. Así, nos durarán mucho tiempo.

La utilización de las plantas vitalizadoras se puede realizar en forma de distintos preparados:

Purín fermentado.- Se colocan las plantas dentro de agua, preferiblemente de lluvia, y se dejan en una zona aireada. La removemos cada día. Consideramos que el purín está preparado cuando, al cabo de una a dos semanas, se ha vuelto oscuro y no hace espuma. En general, los purines se utilizan diluídos para regar las zonas de las raíces, y en el caso de que queramos utilizarlos como abonos foliares necesitarán de una dilución mayor.

Purines en fermentación.- Se preparan de la misma manera que el anterior, pero dejando el recipiente expuesto al sol. Tarda unos cuatro o cinco días.

Las infusiones las preparamos vertiendo el  agua hirviendo sobre las plantas, tapando el recipiente y dejándolas reposar 24 horas.

Las decocciones.- Para prepararlas, en primer lugar se deja la planta 24 horas macerando en el agua y, transcurrido este tiempo, se hierve durante 20 minutos para dejarla enfriar a continuación con el recipiente tapado.

Las maceraciones se preparan dejando las plantas en agua un máximo de tres días, y filtrándolas a continuación. No se deben dejar más tiempo, ya que se podría iniciar un proceso de fermentación.

Los extractos de flores  se preparan mojándolas y triturándolas para posteriormente filtrar la pasta obtenida para extraerle el líquido, que se puede conservar en botellas herméticamente cerradas.

¿Como se preparan y cómo se usan?

El purín fermentado de ajo y cebolla (Allium cepa y Allium sativum) puede prepararse a partir de uno de los componentes, o utilizando ambos conjuntamente. Para hacerlo, se le quitan las hojas y las pieles y se aprovecha el resto.
Se utilizarán unos 500 gr por cada 10 L de agua.
Su aplicación refuerza las plantas frente a las enfermedades criptogámicas, y es muy interesante su utilización para las plantaciones de fresas.
La ortiga se puede utilizar de diversas maneras y constituye una aplicación interesante, ya que es una planta (Urtica dioica) rica en vitaminas A y C así como en minerales, especialmente en hierro. Se utiliza toda la planta salvo las raíces.

El purín en fermentación de ortigas se prepara utilizando aproximadamente 1 Kg de ortigas por 10 L de agua, y dejándolas en un cubo a pleno sol para que vayan fermentando.
A los 4 ó 5 días, cuando la fermentación se ha iniciado pero aún no se ha completado, se puede utilizar como insecticida y va muy bien contra el pulgón y la araña roja. Para su uso conviene diluir aproximadamente una parte del fermentado por 40 de agua, y se le suele añadir un 50 % de decocción de cola de caballo.

El purín fermentado de ortigas  lo obtendremos dejando que la fermentación se complete, lo que se nota por la aparición de espuma y de un olor muy fuerte, pero no muy agradable. Se puede utilizar de diversas formas:
Como estimulador del crecimiento, a utilizar durante todo el año, diluyendo una parte en 20 de agua. Se puede aplicar tanto a los plantones como a los bancales en los que vayamos a plantar; en este segundo caso, es muy interesante regar los bancales de patatas para protegerlas del mildíu.

El macerado de ortigas  se puede utilizar todo el año para combatir el pulgón lanígero. Esta maceración se realiza con 500 gr de ortigas por cada 10 L de agua.

La valeriana (Valeriana officinalis) es otra de las plantas interesantes por dos razones: la primera es que favorecen la resistencia de la planta y la formación de frutos; la segunda, también muy interesante, es que pulverizándola por la noche cuando se prevean heladas nocturnas, aumenta la resistencia de la planta al frío, y por lo tanto constituye una magnífica forma de protegerla del efecto de las heladas.
    Si se utiliza como extracto, se diluirá 1 cm³ por litro de agua.
    Otra utilización interesante de la valeriana es como estimuladora del crecimiento, para lo cual se utiliza en forma de pulverizaciones foliares.

    La cola de caballo (Equisetum arvensis). Se utiliza toda la planta menos las raíces y aumenta la resistencia de la planta, especialmente frente a enfermedades criptogámicas (como la roya o el mildíu).
    Si se utiliza en decocción, mezclaremos 1 Kg de cola de caballo fresca por 10 L de agua; pero si se utiliza cola de caballo seca se utilizarán 150 gr por 10 L de agua.
    Para utilizarla se mezcla una parte del preparado en cinco veces su volumen de agua. Conviene realizar tratamientos cada tres días durante 15 días, y a lo largo de todo el año.

El diente de león (Taraxacum officinalis), una planta también muy abundante, que se puede utilizar para favorecer el crecimiento de las plantas. Se suele utilizar en forma de purín para hacer riegos sin diluir o pulverizaciones foliares. Para prepararlo se utilizan entre uno y dos Kg de planta fresca entera, o entre 150 y 200 gr de planta seca, por cada 10 L de agua.

La consuelda (Symphytum officinalis) también aumenta la resistencia de las plantas, y suele utilizarse toda la planta salvo las raíces. Para preparar el purín de consuelda se utiliza 1 Kg de planta fresca, o entre 100 y 150 gr de planta seca, por cada 10 L de agua.

La manzanilla (Matricaria chamomilla)  resulta muy interesante para incrementar la resistencia de las plantas, y también se pueden utilizar para acelerar el proceso de compostaje.
Se utiliza preferentemente en infusión o en decocción, mezclando 50 gr de flores secas por cada 10 L de agua. Se puede utilizar para pulverizar durante todo el verano, y  es de gran ayuda para los guisantes, las judías y los rábanos.

 
PRINCIPALES PLAGAS Y ENFERMEDADES

A pesar de que sabemos que las plagas y las enfermedades son síntomas de un desequilibrio, bien en nuestra pequeña huerta o bien inducido por el entorno, vamos a ver someramente algunos tratamientos por si fuera necesario aplicarlos puntualmente.

 

 
           
DAÑOS

 
PLANTA ATACADA

 
MEDIO DE LUCHA
      Babosas,
  • que comen las hojas y los tallos especialmente de las plantas jóvenes.

 
Todas las hortalizas
  • Recogerlas.
  • Colocar en el huerto algunas tejas ya que tienden a protegerse bajo ellas.
  • Integrar a nivel de suelo un recipiente con cerveza, que las atrae, para que penetren y se ahoguen.

 
Ratón de campo
come las raíces

 

 
La mayoría de las hortalizas
  • El único remedio es utilizar trampas

 
Mildíu
las hojas acaban secándose tras la aparición de manchas blanco amarillentas en la cara superior de las hojas, y de un blanqueamiento de la parte inferior

 

 
Muchas hortalizas, pero muy especialmente el tomate y la patata
  • Utilizar tratamientos a base de cobre, como el caldo bordelés, especialmente como preventivos

 
Gusano de alambre
come las raíces

 

 
La mayoría de las hortalizas
  • No existe un remedio eficaz, pero puede ser una buena ayudasoltar las gallinas antes de la siembra

 
Gusanos grises
comen los tallos y las hojas, especialmente de las plantas jóvenes

 

 
Ataca a muchas hortalizas, especialmente a las de hoja

 

 
  • Tratar por la tarde con Bacillus thurigiensis.

 
Oídio
puntos blancos sobre las hojas que luego se transforman como una especie de fieltro blanco

 

 
Ataca principalmente a las cucurbitáceas, como el pepino o la calabaza

 

 
  • Espolvorear azufre por la mañana con el rocío.

 
Podredumbre gris
formación de una especie de fieltro gris en las partes atacadas

 

 
Ataca principalmente a la lechuga, la cebolla, las fresas y las cucurbitáceas

 
  • Usar la cola de caballo en plan preventivo, pues no se conoce ningún tipo de tratamiento no tóxico

 
Pulgón
ataca especialmente los brotes, debilitando la planta

 

 
Frecuente en casi todas las hortalizas

 
  • Utilizar una solución saturada de jabón de potasa
  • Pulverizar con polvo de roca
Alacrán cebollero
cava galerías y ataca las raíces y los tubérculos

 
Numerosas hortalizas

 
  • Enterrar en primavera recipientes con paredes lisas para que caigan en su interior

 
Escarabajo sanjuanero
los adultos comen las hojas de los árboles y las larvas comen las raíces

 

 
La mayoría de las hortalizas

 

 
  • Sacudir la planta y recoger los escarabajos
 

 

 

 
6.10  ASOCIACIONES Y ROTACIONES

 
Vamos a complementar lo que ya hemos dicho anteriormente sobre las asociaciones y las rotaciones, pero aplicadas concretamente al caso de la huerta, aunque los criterios son los mismos. La importancia de ambas actuaciones es uno de los pilares fundamentales para mantener la salud de la finca.

 
Debemos tener presentes unas cuantas reglas básicas:

 
  • No cultivar sucesivamente especies de la misma familia en la misma parcela.
  • Dejar pasar varios años para cultivar en una determinada parcela plantas que presentan una interacción negativa.
  • Utilizar determinadas especies vegetales para controlar la abundancia de especies competidoras.
  • Hacer rotaciones de forma que cada año plantemos en una parcela plantas que tengan cada vez menos exigencia de materia orgánica; partiremos de las que tienen una exigencia alta y, en años sucesivos, iremos plantando otras que vayan necesitando menos, optimizando así el consumo de recursos.
  • Alternar especies de raíces superficiales con otras de raíces profundas, que extraerán nutrientes de los horizontes inferiores.

 

 
6.11  CULTIVO EN INVERNADERO

 
En el cultivo en invernadero las acciones a realizar son las mismas que en el exterior, pero no nos cansaremos de insistir en realizarlas con buen tempero.

 
Los principales problemas del invernadero derivan de las altas temperaturas, por lo que al regar habrá que tomar determinadas precauciones con la circulación del aire.

 
El abono orgánico es conveniente aplicarlo antes de comenzar las labores, para que se vaya incorporando al suelo progresivamente. Un análisis de tierra y el conocimiento de las exigencias nutrientes del cultivo, nos indicará la cantidad y el tipo de abono a utilizar.

 
Hay que procurar realizar el riego sin mojar las plantas, especialmente en verano, ya que el exceso de temperatura, unido a una ventilación reducida, pueden propiciar un ataque de hongos.

 
Un buen acolchado nos ayudará a controlar las hierbas competidoras y a mantener la humedad del suelo, evitando tener que regar en exceso y así prevenir problemas de hongos.

 
Como el invernadero es un espacio cerrado, para evitar problemas de plagas se pueden utilizar mallas de sombreo, no regar cuando la planta esté más caliente y ventilar continuamente, especialmente después de regar. Los tratamientos con preparados vegetales son los mismos que para el exterior, y conviene aplicarlos preventivamente.

 
Dado que los invernadero son zonas con abundante temperatura y humedad, puede ser interesante disponer de algunas trampas a modo de adhesivos, para que en ellas se peguen los insectos que a veces resultan atraídos a los componentes.

 
Una interesante fórmula adhesiva con la que se pueden hacer trampas cromáticas, utilizando cartones de colores que untamos con ella y que podemos colocar alrededor de los troncos de los árboles, sería la siguiente:

 
  • Brea de madera  …….   700 gr
  • Colofonia ……………...     50 gr
  • Jabón negro  …………..  500 gr
  • Aceite de pescado ….   300 gr

 

 
Para prepararla, se ponen al baño María la brea y la colofonia y se remueven hasta que se forme una pasta homogénea. A continuación se añaden el jabón y el aceite, y se sigue removiendo hasta que quede perfectamente mezclada.

 

 
6.12  CONSTRUCCIÓN DE UN ECOTONO

 
Un ecotono es un lugar donde los componentes ecológicos están en tensión. Es la zona de transición entre dos o más comunidades ecológicas distintas.  

 
Cuando en nuestra huerta introducimos pequeñas charcas estamos creando un ecotono, puesto que hacemos convivir dos comunidades: una terrestre y otra acuática.

 
Cada una de ellas está poblada por organismos diferentes, y en la zona de transición entre ambas la densidad de población es mayor debido a lo que se conoce como “el efecto borde”, que consiste en que el mismo espacio es aprovechado por comunidades o estructuras muy diferentes.  

 
En esta zona es donde tiene lugar un mayor intercambio de energía; por eso estos límites suelen considerarse como  zonas de mayor riqueza e interés biológico, así como de mayor productividad.

RAZONES PARA UNA HUERTA EN ESPIRAL


Con mi agradecimiento, por su inestimable colaboración, a
Pilar, Francesca, Ester, Cris, Martina y Mónica

Razones para hacer una huerta ecológica en espiral

La creciente preocupación por la salud hace que cada día más personas se decidan a cultivar productos sanos, libres de cualquier producto químico (herbicidas, abonos, insecticidas...) y a partir de semillas nativas, sin manipulación, fruto de la evolución que millones de agricultores en todo el mundo fueron logrando tras miles de años de continua selección.

A la hora de empezar a montar una huerta hemos querido inspirarnos en la naturaleza y por ello hemos decidido eliminar las líneas rectas y crear una huerta en espiral. Esta nos aportará dos ventajas: por un lado está la parte estética y por otro, y tal vez la más importante, la alta productividad por la variedad de microclimas, el denominado efecto borde y la gran biodiversidad.

La estética de la espiral, una de las formas habituales de la naturaleza, bien sea bajo forma de anticiclón, o de ciclones, de galaxias o de remolinos cuando vaciamos el fregadero, por citar sólo algunas, nos recuerda la armonía de los mandalas. Aporta colorido, al entremezclar diversas especies en poco espacio, aleja la monotonía de las líneas rectas y busca la asimetría del bosque,con numerosos bordes.

La alta productividad viene dada por la recreación de un gran número de microclimas dentro de nuestro huerto propiciada por la propia disposición de las plantas y por el movimiento del sol a lo largo del día, lo que se traduce en mayor estabilidad. Además, como la construimos con bancales elevados y curvos ganamos en superficie de cultivo la que perdemos en los caminos.

En el interior de la espiral situaremos un pequeño estanque con la intención de propiciar la presencia de anfibios y plantas acuáticas, para crear un ecotono, lo que incrementerá aún más la biodiversidad.
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SITUACIÓN



Donde hacerla

Esta es la primera pregunta que debemos plantearnos a la hora de construir nuestra huerta.

Pueden darse, en principio, dos circunstancias: o que dispongamos de un terreno concreto y que esa sea nuestra única opción (a la que debemos de sacar el mayor rendimiento posible), o que tenga la posibilidad de elegir entre varias localizaciones. En cualquiera de los casos debemos tener presentes determinadas consideraciones, algunas de las cuales analizaremos a continuación.

La primera a tener muy presente es que las plantas SON SERES VIVOS, independientemente de si las utilizamos como alimento, como combustible, ... o simplemente como adorno. Las plantas, como cada ser vivo, tienen unas necesidades en cada etapa de su desarrollo: alimento, agua, luz y temperatura. Será la presencia, o la ausencia de estos elementos, la que determinará la producción de nuestra huerta y el tipo de plantas que podremos cultivar. Las plantas no se mueven, nacen donde nosotros las colocamos y se desarrollarán mejor, o peor, en función de que les proporcionemos lo que necesitan para un buen crecimiento.

No obtendremos los mismos resultados en una tierra sombría, que en una bien soleada, o en una fértil que en otra árida, en una venteada o en otra protegida,... Los factores anteriormente citados pueden ser limitantes y por tanto habrá que tenerlos muy presentes. De ellos dependerá nuestro éxito o fracaso.

Si, como decía al principio, tengo que cultivar en una zona concreta, tendré que estudiar sus condiciones para ver qué puedo, y qué no debo plantar.

Si puedo seleccionar un terreno deberé observar, como mínimo:

La orientación. Observaremos por donde sale el sol y por donde se oculta. Miraremos si a lo largo del día puede ensombrecerse por la presencia de obstáculos elevados, como casas, árboles, ... Lo ideal es una orientación hacia el sur pero, ¿y el norte?. También deberemos observarlo porque por allí llegará el frío y sería bueno que existiera algún tipo de barrera que lo frenara: árboles, una montaña, casas,...

La inclinación también es un factor a tener presente pues un terreno levemente inclinado hacia el sur aprovecha mejor la radiación solar, ya que lo rayos inciden con mayor verticalidad. Una gran inclinación tiene la desventaja de la erosión que se originará en época de lluvias, si vivimos en una zona de lluvias frecuentes e intensas.

El agua es otro factor limitante. ¿Tengo agua cerca, o no? ¿Puedo traerla?

El tipo de suelo tiene mucho que ver con el agua pues dependiendo de sus características físicas retendrá más o menos agua, condicionando la frecuencia del riego. Si un suelo es muy arcilloso retendrá mejor al agua, aunque tenga otros inconvenientes, mientras que un suelo arenoso necesitará riegos muy frecuentes. También influye la cantidad de materia orgánica. Esta es importante que sea abundante pues es el alimento para la fertilidad. a través de la vida microbiana.

Son varios los factores a considerar y habrá que buscar una ubicación que reuna las mejores condiciones posibles para el cultivo de nuestras hortalizas.

RECUERDA:

Las plantas dependen de nosotros, las colocamos donde queremos y nuestra obligación es proporcionarles lo que necesitan para su desarrollo.
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PREPARANDO EL TERRENO
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Una vez establecida la espiral nunca más habrá que remover el terreno por eso debemos prestar especial atención a su preparación.

Cualquier terreno donde no haya existido la intervención humana está estructurado en capas, denominadas horizontes. Como consecuencia de la actividad de los microorganismos, la climatología, la lluvia, la erosión,... a lo largo de los siglos; las hojas de los árboles, las ramas caídas,  los cadáveres de animales,... que han ido cayendo al suelo entran en un proceso de descomposición para irse incorporando de nuevo al ciclo de la vida. Todo el material orgánico sufrirá  un proceso de descomposición y posterior mineralización para ser de nuevo utilizado por la plantas. En el suelo se van originando las diversas capas bajo las cuales se encuentra la roca madre, el origen de ese terreno y determinante de sus características, que a su vez será digregada por factores tales como la erosión o la disolución por el agua, poniendo minerales a disposición de las plantas.


Fresando
Los microorganismos del suelo se distribuyen en los diferentes horizontes con misiones muy concretas. Los que están en la parte superior son eminentemente aeróbicos, mientras los más profundos serán anaeróbicos. Entre los distintos horizontes circulan gusanos y otros diminutos organismos que, como las lombrices, abren canales para la circulación del aire, agua y nutrientes. Entre todos configuran un conjunto vivo, dinámico, cambiante, ... que determina el comportamiento del terreno.


En nuestra huerta tratamos de crear una estructura similar, por eso reduciremos el trabajo en vertical. Únicamente asumiremos el riesgo de destruirla en casos muy concretos, como el caso de nuestra huerta, pues se trata de una zona de relleno, con muchísima piedra  y durísima por el continuado paso de personas y maquinaria. Decidimos fresarla  para aligerarla e ir sacando piedras y , de esta manera, facilitar el trabajo en el futuro y permitir que las plantas  puedan desarrollarse más fácilmente.

.NO OS OLVIDÉIS DE LAS INFRAESTRUCTURAS

Ahora, con la tierra removida y antes de iniciar la espiral, es el momento de instalar las infraestructuras.

Podemos poner una toma de agua, un desagüe o incluso corriente. Todo dependiendo de las necesidades que estimemos necesarias. En nuestro caso como colocaremos un pequeño estanque central, para crear un ecotono, dejamos enterrada una tubería.

Con ello evitaremos tener que andar removiendo los bancales.

GALERÍA DE IMÁGENES
ANÁLISIS DE LA TIERRA

Las plantas son seres vivos que carecen de movilidad (dependen de nosotros que decidimos cuándo y dónde plantarlas), y por tanto tenemos que cubrir sus necesidades nutricionales,  por lo que es importante conocer la composición y características del terreno sobre el que se asientan.

No tenéis necesidad de encargar un examen a un laboratorio, pues los datos básicos que debéis manejar, los podéis obtener de la siguiente forma.

Vamos a explicar el método Yves Heroy, un método sencillo y económico, que nos da la información básica necesaria y, que fue desarrollado por la UNESCO para su utilización en paises en vías de desarrollo. Es perfecto para nuestras necesidades.


EL SUELO, UN ORGANISMO VIVO

Debemos considerar que el suelo es un organismo vivo aunque su escala de vida se mide en miles de años y por eso no nos resulta claramente perceptible. Como todo ser vivo el suelo nace (se forma), se desarrolla y muere.
Expliquemos estas tres fases:

El suelo nace:

Test de materia orgánica, para conocer si hay lixiviación de materia orgánica (MOFD)

Se coge una muestra superficial y otra de un horizonte profundo y se colocan sobre dos platillos de porcelana.
Se le añaden una gotas de agua oxigenada y se observa la reacción:
Pueden producirse burbujas como espuma de jabón
Burbujas como de champán
No se ve nada, pero se escucha
Ni se ve ni se oye nada.

Las operaciones anteriores son mediciones de campo. Se deben realizar otras en laboratotio para determinar la saturación en bases, la cantidad y calidad de las arcillas, o las materias orgánicas para, a partir de ahí, poder realizar un diagnóstico e interpretración de los resultados para conocer la capacidad de fijación del suelo, saber gestionar las materias orgánicas, saber qué aportes cálcicos hay que realizar y la riqueza de minerales. Este servicio lo ofrece la Fundación Galicia Verde en sus laboratorios (www.fundaciongaliciaverde.org).

La formación del suelo se conoce como pedogénesis.  Tiene dos orígenes: inorgánico y orgánico:

El origen inorgánico se realiza a partir de la alteración de la roca madre a causa de fenómenos de erosión por agentes climatológicos como el viento o la lluvia. La roca madre se va dividiendo en partículas cada vez más pequeñas  y formando el armazón del suelo: piedras, gravas, arenas y limos, para posteriormente dar lugar a los coloides minerales y, finalmente a los elementos minerales que los constituyen.

El origen orgánico procede de la flora y la fauna que se van alterando hasta dar lugar a los elementos minerales que las constituyen. Las materias orgánicas ricas en carbono pasan por un estadio intermedio, el humus (coloides orgánicos).

En el suelo los elementos anteriores se mueven en una doble dirección, hacia arriba y hacia abajo. Hacia arriba los mueven las raíces de las plantas y los animales, y fenómenos de capilaridad.

El movimiento hacia abajo depende sobre todo del agua y afecta a minerales solubles como el calcio, el hierro, el magnesio, ....  y a las partículas coloidales salvo que  exista algún enlace que las retenga.

Todas las sustancias se van acumulando, en distintos niveles, conformando como capas horizontales que conocemos como perfil pedológico.

El suelo se desarrolla:

y lo hace en doble dirección; en la superficie por la aportación de materia orgánica y hacia abajo por disgregación de la roca madre.

El suelo muere:

por carencia de lluvias que impiden la existencia de materia orgánica, o por diversas actividades, muchas relacionadas con la actividad humana, como el sobrepastoreo, los incendios forestales, fertilización química, talas de bosques, .....

Nuestra labor es trabajar el suelo para que la etapa de desarrollo, o de maduración, dure el mayor tiempo posible.

¿QUE DEBEMOS CONOCER DE NUESTRO SUELO?

1º- La roca madre, para conocer su dureza y qué elementos minerales puede producir su degradación.  Para ello observaremos las piedras con ayuda de algún libro de geología o pidiendo información al Instituto Geológico y Minero, o en su defecto, Internet.

2º El clima para conocer la pluviometría a lo largo del año, así como las temperaturas máximas y mínimas.

3º La topografía

4º La circulación del agua, que dependerá de la textura del terreno, de la climatología y de la topografía, pudiendo ser escorrentía, circulación superficial,  percolación, ....

5º La flora, importante por el tipo de humus que favorece la formación de estructuras o, por el contrario, los procesos de erosión.

¿QUÉ DEBEMOS OBSERVAR?

El color de cada perfil y la transición entre perfiles para conocer la transición del agua: los suelos rojos son suelos oxidados, con circulación rápida del agua. Los suelos amarillos indican que el agua pasa más lentamente y el hierro se encuentra hidratado, y los suelos azulados nos indican que el hierro está reducido por estancamiento del agua.

La humedad de cada horizonte, tocándolos y comparando.

Presencia de piedras.

Materia orgánica o manchas.

La textura que se determinará mediante la impresión tactil  al deslizar entre los dedos una muestra húmeda. Actuaremos de la siguiente manera:

Coger un puñado de tierra y eliminar los elementos groseros.
Humedecer hasta el punto de adherencia.
Intentar hacer un cilindro de unos 3 mm de diámetro. Si no se puede la muestra tiene menos de 10% de arcilla.
Si se puede hacer el cilindro intentar doblarlo, como un croisant. Si no se puede tiene menos de un 15% de arcilla.
Si se hace el croisant intentar hacer una circunferencia. Si se puede hacer tiene más de un 20% de arcilla. En caso contrario tiene entre 15 y 20%.

La presencia de caliza, mediante el test de los carbonatos:

Se coge una muestra y se pone sobre un platillo de porcelana. Se quitan los elementos groseros.
Se ponen unas gotas de ácido diluido
Se escucha a ver si hay reacción:
Carbonatación 0 si no se ve, ni se oye reacción alguna
Carbonatación 1 cuando no se ven burbujas pero se oyen
Carbonatación 2 cuando se producen burbujas como de champán
Carbonatación 3 cuando se producen burbujas como de jabón.

Test de la acidez potencial. Es la diferencia entre el pH en agua y el pH en cloruro potásico. Este test es muy interesante sólo en caso de que el test de carbonatación resultara 0 o 1, en cuyo caso habrá que realizar una enmienda de cal.

Test de movilización del hierro. Se hace para ver si hay hierro y si han comenzado procesos de lixiviación.

Se cogen dos muestras, una superficial y otra de un horizonte profundo y se ponen sobre dos placas.
Se ponen una gotas de ácido, se tapan con un papel de filtro, y encima se añaden una gotas de tiocianato de potasio.
Se observan los colores que aparecen y se le dan la numeraciones que se indican:

6, si es color vino tinto
3, si aparece color rojo
2, se el color es rosa
1, cuando la coloración es rosa claro.







DISEÑO DE LA ESPIRAL



HAY QUE TOMAR DECISIONES

Estamos terminando de limpiar nuestro terreno y ahora deberemos decidir cómo construir la espiral.

La espiral está conformada por dos áreas que discurren paralelamente desde el exterior al interior; me refiero al área de cultivo y al área de servicio, o caminos por los que nos moveremos. Cada una de ella merece un análisis particular, para que se ajuste a nuestra idea de la espiral y faciliten el posterior trabajo.

El bancal, o área de cultivo, debe ser elevado, por dos razones primordiales: para que el agua pueda drenar con facilidad y que no se encharque (esto resulta especialmente importante en regiones con una pluviometría elevada) y por otro lado porque al ser el bancal de perfil curvo evitamos que se erosione en exceso, compensando toda, o parte, del área dedicada a los caminos.

La anchura del bancal debe ser la adecuada para que nos permita el trabajo en toda su superficie, la mitad desde cada lado. Habitualmente se considera que esta anchura debe ser en torno a los 120 cm.  La mayoría de las personas se adaptan bien a esta anchura alcanzando sin dificultad los 60 cm que trabajarán desde cada lado. Nosotros decidimos hacer bancales un poco más anchos, de 130 cm, ya que la curvatura facilita el acceso y siempre quedan unos centímetros en el lateral que suelen pisarse. Cada uno que decida lo que le guste más. Si los hacemos demasiado estrechos estaremos desperdiciando mucha superficie de cultivo, al necesitar más caminos. Si los hacemos más anchos tendremos dificultad para alcanzar la zona central del bancal. Para decidir entre una u otra anchura hay que tener en mente los cultivos, y no sólo la tierra vacía.

El camino, o área de servicio, tendremos que decidirlo en función de la longitud de la espiral y el tipo de servicios que necesitemos. Para que pueda moverse con facilidad una sola persona, son suficientes 60 cm pero, si queremos entrar con una carretilla, necesitaremos algo más. Incluso, en el caso de grandes espirales, podremos plantearnos un amplio camino radial por el que pueda penetrar un tractor.

En el caso de nuestra huerta, desarrollada para autosuficiencia, nos hemos decidido por bancales de 130 cm y caminos de 60 cm.

En una huerta pequeña la distancia a recorrer desde la entrada hasta el centro es corta pero, ¿y si quiero hacer una gran espiral?. La podremos hacer de cualquier tamaño pero, sobrepasada una longitud que cada uno decidirá como adecuada en su caso, será conveniente abrir un camino de acceso desde el punto de llegada a la espiral hasta el centro. Así accederemos únicamente a la zona que deseemos, sin tener que ir dando vueltas y más vueltas por la espiral. En nuestra pequeña huerta tenemos la ventaja de que cada vez que entramos en la espiral la recorremos en su totalidad y vamos viendo el estado de todos los cultivos.

Una vez decida la anchura del bancal, y del camino, es necesario que hagamos un pequeño recordatorio de las matemáticas que hemos estudiado en el cole.

TRAZANDO LA ESPIRAL
En el centro de nuestra huerta clavamos una estaca y, para trazar la espiral, debemos trazar en torno a ella un círculo,  tal como se ve en la foto anterior.

Para calcular el diámetro de ese círculo recurrimos a las matemáticas.

La longitud del círculo es   L=2πr

L representa la suma de la anchura del camino con la del bancal ya que, al desarrollar la espiral, en cada vuelta nos iremos alejando del centro una distancia equivalente a la suma de ambas medidas. En nuestro caso es de 190 cm (130 cm del bancal + 60 cm del camino).

El valor de π es 3,14.

Vayamos a la fórmula y sustituyamos los valores conocidos: 190 = 2 x 3,14 x r., es decir que r=190 / 6,28.

Si hacemos la división nos da que el radio, en nuestro caso, es de 30,25 cm.

Y ya está. Como tenemos la estaca central iremos clavando otras (las que se quieran, pero recomendamos un mínimo de 8) a la distancia calculada de 30,25 cm.

Ahora atamos una cuerda a la estaca de centro y la enrollamos por el exterior del círculo. Tener presente que se puede enrollar de derecha a izquierda, o al revés, y según la elección que hagamos cambiará la dirección de la espiral.

Ya estamos preparados para trazar la espiral. Para ello atamos en el extremo de la cuerda un palo y al ir desenrollando la marcaremos sobre la tierra. También, en lugar de un palo, se puede utilizar una bolsa con cal, arena, o harina, a la que haremos un pequeño agujero para ir dibujando la espiral sobre el terreno.

Otra cosa a tener en cuenta es por donde saco la cuerda del círculo para irla desenrollando pues, según la que seleccionemos, la entrada en la espiral cambiará de lugar. Antes de marcar nada es recomendable hacer alguna prueba para asegurarnos de que todo resulte correcto.

Otra opción sería hacerlo al revés, enrollando la cuerda, después de haberla extendido entre la estaca central y el punto de entrada a la espiral.

Aún no hemos terminado. Ahora deberemos trazar una segunda espiral. ¿por qué?. Pues porque la distancia entre cada vuelta de la espiral corresponde a la suma del ancho del bancal con el camino, y queremos separarlos.

Es muy sencillo. Trazamos una segunda espiral, igual que el primer caso, pero la estaca con la que vamos dibujando la ataremos 130 cm (el anco del bancal) más corta. Así dibujaremos una segunda espiral paralela a la primera y tendremos marcados el bancal y el camino.

26 agosto
Para configurar las espirales vamos colocando la tierra que sacamos del camino sobre el bancal; más o menos la mitad hacia cada lado. Así en bancal queda algo más alto que el camino.
Terminado el trabajo las chicas se han ido pero nos han dejado un extraordinario trabajo, realizado con mucho esmero y dedicación, y un gran recuerdo para Henry ...
¡GRACIAS CHICAS!
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PENSANDO EN LAS ROTACIONES
DIVISIÓN EN 4 SECCIONES
Nuestra espiral mide 35 metros y, en base a ello, hemos establecido 4 secciones que podréis observar en la fotografía superior. Cada una de ellas mide algo más de 8,5 metros.

Realizamos esta distribución para establecer unas rotaciones ordenadas. Cada año los cultivos se irán desplazando a la parcela siguiente y sólo regresarán a la primera parcela transcurridos 4 años.

En el apartado de rotaciones lo comentaremos más detalladamente.

En nuestro caso, dado que hemos decidido realizar rotaciones de 4 años, basadas en el consumo de nutrientes, la distribución queda como sigue:

1- ZONA ROJA : plantas muy consumidoras
2-  ZONA NARANJA : plantas de consumo medio
3- ZONA AMARILLA : plantas poco consumidoras
4- ZONA VERDE : plantas que enriquecen el terreno

Esto el primer año, porque al segundo año las plantas muy consumidoras pasarán a ocupar el terreno enriquecido de la zona verde, mientras que en su lugar se instalarán las medio consumidoras para aprovechar lo que dejaron las anteriores. El sentido de esta rotación es para facilitar el trabajo y abonar únicamente la cuarta parte de la espiral, la zona roja en que cada año plantaremos las my consumidoras.

El primer año se sitúan en una parcela las plantas muy consumidoras, al año siguiente ese espacio lo ocupan las medio consumidoras que aprovechan lo que dejaron las muy consumidoras. Al año siguiente le siguen las poco consumidoras, que aprovechan lo poco que queda y, finalmente el cuarto año, se plantarán aquellas que tienen la capacidad de enriquecer el terreno.
EL RIEGO ES LA VIDA


En nuestra huerta vamos a utilizar dos sistemas de riego.

Uno para usar esporádicamente y que consiste en un aspersor circular central, en situación elevada. Este aspersor nos permitirá realizar un riego general, tipo lluvia.

El sistema de riego base, que se usará diariamente e incluso programado, hay que seleccionarlo con sumo cuidado pues de su elección depende no sólo el resultado, sino la economía de agua y la efectividad del riego.

Normalmente las tuberías de riego se presentan en diámetro de 16 mm lo que permite colocar varias tuberías, con relativamente baja presión, para una mejor distribución del agua.

La tubería de 16 mm se puede encontrar sin orificios de riego para que estos los podamos hacer nosotros a las distancias deseadas. Esto es útil para el caso de árboles o plantas instaladas a distancias variables.

Con perforaciones preinstaladas se venden tuberías que incluyen puntos de riego por goteo cada 30 cm. Esta solución es adecuada para la mayoría de los cultivos hortícolas y, si se sitúan varias bandas alternando los puntos de riego se puede conseguir una plantacion alterna, con mayor densidad de plantas.  El inconveniente de este sistema es que en bancales elevados produce cierta erosión por escorrentía y, además, riega en superficie, que no es el mejor sitio ya que permite el establecimiento de semillas transportadas por el viento. Además puede tener importantes pérdidas por evaporación. Este  sistema de riego puede enterarse ligeramente con lo que mejora su eficacia aún a riesgo de obturación por raíces.

La mayor efectividad la conseguiremos con bandas porosas (exudantes), situadas bajo tierra, junto a la raíz, que es donde la planta necesita el agua. Hay dos presentaciones: cinta porosa o tubería porosa.

La cinta va bien, pero tiene el inconveniente de que puede doblarse y no dejar pasar el agua.

La tubería porosa aunque es la más cara es, a nuestro entender, la mejor opción. Va enterrada, creando una línea contínua de humedad y facilitando el agua allí donde la planta la necesita. Además las pérdidas por evaporación serán mínimas y tendremos menos hierbas competidoras.

En nuestra huerta estamos instalando tres líneas paralelas de manguera de goteo más una torre central de riego tipo lluvia. Los puntos de goteo van alternos entre bandas, por lo que logramos una plantar un mayor número de hortalizas. Además la distancia de 30 cm es adecuada para los marcos de plantación de la mayoría de las plantas.
El riego tipo lluvia es para usar de vez en cuando a fin de limpiar las plantas y que puedan respirar más cómodamente.
Nuestro sistema de riego va unido a un temporizador y realiza dos sesiones diarias. Según la época puede ajustarse el tiempo de riego, así como el tiempo transcurrido entre riegos. Es sumamente importante cubrir la tierra con una cobertura orgánica que cumplirá varias funciones: mantener mejor temperatura del suelo y conservar la humedad para gastar menos enagua de riego. Además esta cobertura, que en realidades un compostaje en superficie resguarda y sirve de alimento a los microorganismos encargados de descomponer la materia orgánica y mejorar la fertilidad del suelo.

CUANDO REGAR

Dependiendo de la época del año, de la temperatura y del tipo de cultivo, ajustaremos nuestra estación de riego. Como norma general hemos de tener presente que regar a pleno sol favorece la evaporación, con la consiguiente pérdida de agua, y mayor presencia de hongos.

En nuestra huerta están programados dos riegos. El primero sobre las doce de la noche, cuando la tierra empieza a enfriarse y el agua se evapora menos. Este riego lo aprovecha la planta durante bastantes horas. El segundo riego lo programamos para las 7 de la mañana. Como la tierra está fría y la tierra aún conserva humedad, el agua penetra más profundamente y la planta dispondrá de una mayor reserva para resistir mejor el fuerte calor.

Hay que ser observadores y, además, conocer la capacidad de retención hídrica de nuestro terreno. Cada tierra es diferente y si mala es la carencia de agua, no es menos malo el exceso ya que puede encharcar la tierra, pudriendo las raíces, impidiendo la circulación del aire, y originando una perdida, por lixiviación, de nutrientes.

Por ejemplo, una tierra muy arcillosa, es muy compacta e impide la circulación del agua, mientras que en el extremo opuesto podríamos tener una tierra muy arenosa, que no tiene capacidad alguna de retención de agua. Mientras en el primer caso podría ser suficiente un riego diario, o menos, en el segundo podrían necesitarse varios riegos diarios para mantener un mínimo de humedad.

El problema del riego es más crítico en los semilleros y plantas jóvenes ya que disponen de un sistema radicular mínimo y trabajan únicamente el horizonte superficial.
El riego distribuido en líneas paralelas facilita la distribución de las plantas que siempre tendrán cerca un gotero en torno al cual se crea una zona húmeda, más o menos grande, en función del tiempo de riego.


Para mantener la banda de riego en su sitio la sujetamos al suelo con una grapas que hicimos, simplemente doblando unos alambres.
OTRO CURSO, OTRA ESPIRAL
En este apartado vamos a ver la construcción de otra espiral, paso a paso, cómo prepararla para que resulte sencilla de mantener pero de gran productividad; a la vez complementará la espiral anterior.

En primer lugar, os diré que opté por la forma en espiral que se observa en la fotografía por dos razones: la primera, que ofrece mayor variedad de microclimas que una huerta configurada por bancales rectos, y esto es muy importante para una producción intensiva, orgánica y estable; y la segunda, porque me gusta la huerta-jardín, o jardín comestible, y no cabe la menor duda de que las formas redondeadas resultan más estéticas que las rectas que, por otro lado, tanto escasean en la Naturaleza. El trazado de la huerta en espiral es muy sencillo. Os voy a explicar cómo lo hice, pero primero tenéis que decidir el ancho que le queráis dar a los bancales; en nuestra huerta optamos por los 120 cm. tradicionales, que son una medida que permite acceder con comodidad desde ambas partes.

También debemos decidir el ancho del pasillo entre bancales; por lo general, llega con unos 40 cm., ya que permiten utilizar la carretilla, aunque ajustadamente; por otro lado, este ancho viene coincidiendo con el del rastrillo que utilizamos.

Una vez decididas las medidas anteriores, vamos a realizar un pequeño cálculo matemático. El ancho de cada banda (bancal + pasillo) será de 160 cm. (120 del bancal + 40 del pasillo). Pues bien, recordáis la fórmula para calcular la longitud de la circunferencia?; por si a alguien se le ha olvidado, os la voy a recordar:

Longitud = 2 x π x r.

La longitud resultante es 160 cm., ya que es lo que queremos desarrollar en cada círculo, y el número π tiene un valor de 3,14.

Con estos datos podremos conocer el radio. Será:

r (radio) = Longitud / 2 x 3,14,
es decir: r = 160/6,28 = 25,48 cm.

Ahora fijo el punto central de la huerta, y clavo una estaca.

Tomando la estaca como centro, trazamos sobre el suelo un círculo con el radio previamente calculado de 25,48 cm. Una vez dibujado el círculo, lo marcamos clavando sobre él una serie de estacas, cuantas más mejor ya que esto nos va a permitir una mayor precisión en el trazado.
Ahora dibujamos nuestra espiral. Atamos una cuerda en la estaca del centro y la enrollamos alrededor del círculo de estacas en el sentido de las agujas del reloj; cada vuelta que demos va a equivaler a un desarrollo de 160 cm., tal como calculamos anteriormente. En el extremo de la cuerda atamos un palo y procedemos a ir desenrollando la cuerda al mismo tiempo que, con la punta del palo, o con una bolsa perforada,  llena de cal o arena como hacemos en estas imágenes, vamos dibujando sobre el suelo, obteniendo una espiral perfecta con una separación entre líneas de 160 cm. exactamente (la longitud exacta del diámetro del círculo marcado con las estacas alrededor del eje central).
El  siguiente paso es ir siguiendo esta línea con un rastrillo de 40 cm., marcando sobre el suelo el ancho que va a ocupar el pasillo. De esta manera tan sencilla, vamos a tener dibujados sobre el terreno el pasillo y los 120 cm. del bancal.
En la imagen tenemos dos senderos: el estrecho será el camino (40 cm.) y el más ancho el bancal (120 cm). Confío en que no tengáis ninguna duda, pero, si no fuese así, podéis enviar un mail para que podamos aclarárosla.
BANCALES

Ahora ya podéis preparar los bancales sobre el dibujo. Al estar ya dibujada la espiral sobre el terreno, sólo me queda aflojar la tierra, y cómo ésta es una operación que ya no vamos a tener que repetir nunca más, debemos aprovechar para retirar piedras grandes que puedan estorbar (las piedras pequeñas son necesarias para estructurar el terreno y también como fuente de minerales). Una vez hecho, procedo a rebajar el camino, unos 12-15 cm. con la ayuda de una azada, y voy colocando la tierra extraída sobre el bancal.
La tierra del camino se va colocando sobre el bancal y va a ayudar a levantarlo sobre el nivel del suelo.
La razón de rebajar ligeramente el camino es evitar el encharcamiento del bancal. Como resultado, tendremos un bancal con una elevación de unos 15 cm. sobre el camino que lo circunda.

En los caminos colocamos paja, o restos de coníferas, como en nuestro caso (que tardan mucho en compostar) y ayudan a mantener la humedad y tener el camio seco en el invierno, y con menos hierbas competidoras. El siguiente paso, como podréis ver en la foto superior, es colocar el riego, en este caso por goteo. Una vez acabado el trabajo, esta primera vez conviene cubrir los bancales con estiércol (yo utilizo estiércol de oveja ecológico) y finalizar recubriendo todo con hojas variadas (castaño, roble, etc.); si no las tenemos, se puede hacer la cobertura con paja (cuidado, que puede llevar muchas semillas) o con hierba seca. En pocos días estará en condiciones óptimas para plantar. Después de este estercolado inicial, en adelante vamos  a fertilizar conforme a las necesidades de nuestras plantaciones.
ROTACIONES

Una vez que la espiral está terminada, fertilizada y con la cobertura de hojas, la vamos a dejar descansar algunos días para que se inicie la actividad de los organismos vivos del suelo y la tierra se vaya estructurando. Se dejáis una pequeña zona sin fertilizar y sin cobertura, después de unos pocos días podréis observar la maravillosa transformación que ocurre en la zona recubierta de hojas, lo que evidencia la labor de los microorganismos del suelo. El siguiente paso será redefinir sobre el bancal diferentes zonas que nos permitan ordenar las plantaciones y las rotaciones, que realizaremos cada cuatro años.
Los bancales se pueden separar por tramos de igual longitud mediante piedras, plantas, o estacas y ya podemos sembrar. En el caso de la imagen superior protegemos las plantas recién trasplantadas con helechos, para reducir el stress por el día que tuvimos de fuerte calor.

En el centro de la espiral de bancales situaremos una espiral de plantas aromáticas, estanque incluído, y seguidamente trazaremos sobre la espiral de cultivo tramos de igual longitud que serán los bancales de cultivo y sobre los que aplicaremos las rotaciones. Irán alternando y, como la espiral es cada vez más abierta, no coincidirán juntos bancales del mismo número.




En el dibujo se utiliza la siguiente clave.
Azul = bancal 1
Rojo = bancal 2
Verde = bancal 3
Amarillo = bancal 4
Observad que para que no quedaran dos bancales del mismo número enfrentados cambié el orden de los mismos; la secuencia de fuera a dentro es 1-2-3-4 1-2-3-4 1-3-2-4. Se puede jugar también con los tamaños.

Para marcar estas divisiones yo utilizo tajetes que, además de añadir una nota de color a los cultivos, ayudan a protegerlos, ya que a través de sus raíces segregan un fitocida muy potente para luchar contra eses gusanos grises que dan cuenta de nuestras lechugas y otros cultivos, a base de morderlas en el cuello, justo ahí donde empieza la raíz. Para facilitarnos las labores, podemos abrir un camino a través de los bancales que lleve directamente al centro de la espiral; de esta manera no tendremos que dar muchas vueltas cada vez que querramos acceder a una zona interior. La espiral blanca representa el camino.

Lo que planto el primer año en la zona azul, el segundo lo plantaré en la roja, el tercero en la verde y el cuarto en la amarilla. Después de esta rotación de cuatro años, vuelvo a empezar.
Esta espiral se puede ampliar cuanto sea necesario.
Si se hace muy grande se puede abrir un camino radial para facilitar el acceso.
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