MINI CENTRALES ELÉCTRICAS

No pretendo en este breve artículo numerar y analizar el largo repertorio de impactos ambientales, de distinta naturaleza, que originan las mini centrales hidroeléctricas. Todos ellos se encuentran desde hace tiempo perfectamente tipificados y existen además cientos de publicaciones científicas, al tiempo que recientes manuales de carácter divulgativo, en las que el lector interesado podrá encontrar esa información. Me contentaré con comentar algunos de los aspectos que, como hidrobiólogo, considero esenciales en cualquier análisis sobre este tema.

Sin duda una de las cuestiones fundamentales es el lugar de emplazamiento de las minicentrales. Teóricamente pueden ser construidas en cualquier sector de un río, pero preferentemente, y sistemáticamente al menos en Galicia, este tipo de explotaciones (y sobretodo los nuevos proyectos), tienden a concentrarse en las cabeceras de nuestros ríos, en áreas muy frágiles e singulares. No faltan aquellos que consideran, sin duda con buena intención, pero con una ignorancia proverbial, que canto más cerca de la cabecera del río se ubique la minicentral, mejor será para el río, pues de esta manera, los peces migradores, es decir aquellos que necesitan desplazarse libremente por el río, tendrán así la mayor parte con el cauce libre de obstáculos.

Cuando se construye una presa, se produce un cambio drástico en el río y las fluctuaciones del nivel del agua en el vaso del embalse provocan la eliminación de la vegetación de ribera

La restitución al río del caudal derivado de las aguas arriba, impide el desarrollo de poblaciones animales y vegetales estables. Además, cuando se realiza de forma inadecuada, como es el caso, crea un "efecto llamada" para los peces, que los induce a remontar al río por un camino inadecuado e inaccesible.

   
La restitución al río del caudal derivado de las aguas arriba, impide el desarrollo de poblaciones animales y vegetales estables. Además, cuando se realiza de forma inadecuada, como es el caso, crea un "efecto llamada" para los peces, que los induce a remontar al río por un camino inadecuado e inaccesible.

Azudes como los de las fotografía, representan barreras infranqueables para los desplazamientos de los peces

Todos los hidrobiólogos sabemos que el curso alto de un río es su corazón, su punto más valioso y a la vez más vulnerable. En las cabeceras de los ríos en general, y muy especialmente de los ríos gallegos, viven algunas especies y formaciones vegetales, y numerosas especies de animales, cuyo valor biológico es incalculable. No se trata únicamente de ciertas especies (p.e. la nutria, el mejillón de río,...) que conservan en algunos de nuestros ríos las mejores poblaciones reproductoras de Europa y que son más o menos conocidas - pues a menudo son mencionadas en los estudios de impacto ambiental en razón de su protección legal-; me estoy refiriendo sobre todo a más de 300 especies de invertebrados, endémicas de nuestros ríos, que son (a pesar de no figurar en ninguna "lista roja"), indiscutiblemente las verdaderas joyas de nuestra fauna, y que constituyen uno de nuestros principales patrimonios biológicos (circunstancia que sorprendentemente es ignorada incluso por algunos profesionales del medio ambiente).

 Minicentral do Mandeo