CARACOLES Y BABOSAS

Los caracoles y las babosas en pequeña cantidad pueden incluso resultar beneficiosos para el huerto por su aportación al suelo de calcio orgánico a través de sus babas, pero pueden resultar un problema cuando su presencia es abundante o cuando se dedican a arrasar nuestros viveros. En este caso es necesario ejercer un control sobre sus poblaciones. 

El primero es saber algo sobre estos animales. Una de sus características es que necesitan mantener su piel húmeda constantemente lo que, muy especialmente en el caso de las babosas, los hace buscar zonas húmedas y sombreadas para acogerse de los rayos solares. Esta es la razón por la que van desapareciendo al despuntar el día. 

Para combatirlos una primera solución sería potenciar sus enemigos naturales que no resulten prexudiciais para nuestros cultivos, como pueden ser los sapos, los patos, las gallinas, los herizos.... 

Otra solución pode ser proporcionándoles un cobijo contra los rayos del sol, simplemente colocando unas tejas en nuestro huerto para que se refugien allí, al amanecer, para luego proceder a su recogida directa y echárselos a las gallinas. 

También podremos eliminarlos con trampas, como la consistente en enterrar, a ras del suelo, frascos de cuello ancho, llenos de cerveza, que las atrae y en los que se ahogan. 

Una manera efectiva de proteger nuestro viveiros consiste en utilizar las cáscaras de huevo, secas y aplastadas en pequeños trozos. Los repartiremos en franjas en torno a la zona o alrededor de la planta que queramos proteger y al pasar sobre ellos las babosas o los caracoles, les quedarán pegados, y morirán. También resultan muy efectivas la sal, (aunque habrá que utilizarla con moderación para no agredir al medio), la ceniza de madera, el serrín o los posos de café.