TOMATE
Lycopersicon esculentum o Solanum lycopersicum) 

 

El tomate es el fruto de la tomatera, y bien crudo o cocinado, es una de las hortalizas más consumidas del mundo y también por los españoles.

Existen muchos tipos de variedades diferentes. Los que son para cultivar en invernadero o en exterior, redondos o grandes de piel fina para ensaladas o los de piel gruesa para poder transportarlos; las variedades más pulposas se utilizan para zumos o para cocinar. Mayormente son de uso culinario, tanto humano como animal, pero también se emplea la planta en pesticidas y antídotos.



Nombre científico: Lycopersicon esculentum el Solanum lycopersicum
Nombre en español: Tomate, Tomatera

Nombre en gallego y portugués: Tomate 
Nombres en otros idiomas: Tomato (Inglés), Tomate (Francés), Pomodoro (Italiano),Tomaten (Alemán)

 

Aun es un misterio saber con exactitud a origen de los tomates.
Se encontraron restos de diferentes géneros de tomates en diversas regiones de América Central, América del Sur y Europa que datan su cultivo entre 500 y 700 la.C. por lo que ya era conocido entre los maias, aztecas, incas, griegos, persas, y mismo parte del continente asiático. De ahí su origen etimolóxica y legendaria de esta fruta tan peculiar.
Para los Aztecas era conocido como Tomatl (fruta hinchada) y entre los diferentes cultivos de maíz crecía el xicomatl, una variedad de tomate grande y rojo a lo que apodaron como fruta con embigo de agua gorda.
Por otro lado, los Maias también conocían esta fruta y la utilizaban para cocinar pero también para sus viajes chamánicos empleando la mezcla de las semillas en distintos preparados.
Predominaban de manera abundante y silvestre el tomate verde y amarillo, incluso dorado, y el tipo cereza, justo esta variedad fue la más comerciada, proporcionando su polinización en regiones diversas.
Fueron nombrados como Melas Áureas (manzanas doradas) por el herborista italiano Mattioli, refiriéndose la esos frutos amarillos; o pejigo persa a su llegada a Europa refiriéndose a los que llegaban de Asia a Persia y Grecia.
Gracias a los historiadores naturalistas clásicos y sus investigaciones derivaron al tomate al grupo de familias llamadas Solanáceas ya que vieron que los tomates y tomateras necesitaban mucho sol para desarrollarse, de ahí parte su nombre, Solanum. Y Lycopersicum, aunque nos asombre, ven del griego Lycos (Lobo) y Persicum (originario de Persa).
En los pueblos alemanes, explican que algunas personas se convertían en Lobisomes al ingerir el llamado Wolf Peach (pejigo lobero) nombre de los tomates que llegaban a sus tierras y que guardaban una gran similitud con la Belladona, empleada por las brujas y curanderos de aquella época nos sus ritos.
Personas que por falta de información o estudios confundieron los tomates con la belladona, fruta que en dosis desmedidas es extremadamente tóxica y mortal; mucha gente murió o, contrajo enfermedades mentales.
Y de ahí se conservó este nombre, como arquetipo a intoxicaciones o comportamientos salvajes o anormales.. 
En investigaciones científicas posteriores y avanzadas, se confirmó que las hojas y talos de la planta de la tomatera son venenosos excepto su fruto, el tomate, rico en licopenol, un antioxidante beneficioso para nuestro organismo y que probablemente sea más aproximada su etimología. Más tarde, se le añadiría el nombre Esculentum (comestible); llegó a ser considerado afrodisíaco segun informes del herborista holandés Dodoens en 1554.
En cuanto al tomate en España se cree que fue introducido a través de los viajes de Cristóbal Colón a América.

 

Familia: solanáceas.
Es una planta herbácea de ponerte que va de 50 cm a un metro de altura y con un sistema radicular amplio que se desarrolla entre los 50-60 cm de profundidad. Se componen de una raíz principal desde la que parten una gran cantidad de ramificaciones.
El tallo es largo, anguloso y recubierto de unos pequeños pelillos visibles a simple vista. Muchos disteis pelos son de origen glandular y proporcionan a la planta un olor característico. En un principio es de porte erguido, pero cuando consigue un determinado desarrollo, y debido al peso, se puede volver rastrero.
Las hojas tienen una disposición alterna y son compuestas e imparipinnadas. Generalmente se constituyen por 7-9 foliolos lobulados que también están recubiertos de pequeñas vellosidades.
Las flores son pentámeras, monopétalas, amareladas, con manchas oscuras y se disponen en forma de acios la diferentes alturas. En cada acio suele haber entre 3 y 10 flores. Son de polinización autogama.
El fruto es esférico de tamaño variable (desde los 3 cm incluso los 16 cm de diámetro) y de color rojo, habitualmente, en la maduración. Estos frutos pueden ser lisos o acostillados, según las variedades. En el interior del fruto se diferencian claramente los lóculos carpelares que pueden variar de 2 a 30. 
Las semillas son grisáceas, con forma de disco y pequeñas. En un gramo puede haber hasta 350 semillas.

 

Los tomates necesitan lugares cálidos y soleados, soportes y un suelo fértil y húmedo. Es aconsejable emplear compost mucho antes de sembrar y añadir cenizas de madera por m2 ya que proporcionará la potasa que tanto les favorece.
Es preferible plantarlos en el suelo o en contenedores grandes y profundos ya que éstos les permiten proliferar mejor sus raíces, así no se encharcan y ni se queda el agua en el fondo de las macetas o sacos de cultivo de plástico.
Entre los meses de marzo y abril sembrar en tarrinas o bandejas llenas de un buen mantillo húmedo. Recubrir las semillas y apretar la tierra ligeramente. A continuación regar y, en el sucesivo, mantener esa humedad constante. Las bandejas o tarrinas hay que mantenerlas en un lugar cálido (18 a 20ºC). 
Atención a color de las hojas: si se vuelven de color lila nos están indicando una carencia de P (fósforo). Solucione el problema regando con caldo de ortigas (diluido 1:20). 
La preparación de los semilleros la haremos entre 6 y 7 semanas antes de la última helada ya que cuando más grande sea la plantas sufrirá más estrés en el trasplante al lugar definitivo. 
Si se trabaja en invernaderos puede adelantarse la siembra uno o dos meses.

TRASPLANTE
Antes de trasplantar tendremos que ir preparando la tierra mezclándola con hojas trituradas en otoño y compost en la primavera. 
Unas semanas antes del trasplante podremos cubir la tierra con un plástico negro para calentarla, pero tendremos que retirarlo cuando aparezcan las primeras inflorescencias. 
Cuando no haya peligro de heladas plantaremos las tomateras al lugar definitivo, instalando tutores y respetando los marcos de plantación. Los tutores deberán colocarse antes de la planta pues de hacerlo posteriormente podría dañar las raíces.
Hay de los tipos de tomateras: las de crecimiento determinado, y las de crecimiento indeterminado:
Las de crecimiento determinado, o de mata baja son aquellas que cogen cierta altura, florecen, fructifican y dejan de crecer. Estas se pueden cultivar sin soporte, aunque es una buena ayuda para tener los frutos en mejores condiciones. Estas no hay que podarlas.
Las de crecimiento indeterminado crecen y fructifican constantemente. Son plantas mucho más grandes. Son las que producen mejores frutos, y en más cantidad, pero necesitan de más cuidados. Necesitan tutores ya que sí se las dejan en el suelo ocuparían demasiado espacio.
Preparar la plántula para el trasplante recortando las hojas, dejando únicamente las superiores para que al enterrarlas incluso las hojas se refuerce su sistema radicular. Para trasplantar hacer un agujero en la tierra, a unos 10 cm. del tutor, llenarlo de agua, esperar a que se absorba y, a continuación proceder a la plantación, enterrando también la parte de la que quitamos las hojas, apretando la tierra muy ligeramente sobre el cepellón para que tome un buen contacto con la tierra. 
Unas dos semanas antes del trasplante es conveniente tener las plántulas en el exterior para que se vayan aclimatando y no sufran demasiado estrés.
En zonas más frías es una buena práctica trasplantar plantas más grandes enterrándolas, y dejando sobresalir, únicamente, unos 10 cm. 
Es conveniente proteger la plántula de los vientos dominantes. 
Una plantación muy apretada tendrá como consecuencia una peor circulación del aire y más riesgo de problemas.

Marco de plantación: 70 x 70 cm, según variedades 
pH: 5,8 a 7 
Situación: pleno sol. 
Riego: abundante. 

Tareas especiales:
Mantener la planta bien sujeta al tutor. Para atarla utilizaremos alguna fibra vegetal de las que se venden en las tiendas del sector. Esta labor hay que hacerla con cierta técnica para evitar estrangular lo tallo. Nosotros recomendamos atar fuertemente la fibra sobre el tutor (así no se desplazará en ningún sentido) y, posteriormente rodear el tallo de la tomatera y atarlo dejando mucha holgura para que pueda anchear sin riesgo  de estrangulamiento. Este tipo de atado impide que las ramas puedan caer con el peso de los tomates. 
En el invernadero cepille las plantas suavemente con las manos, dos veces al día, ya que este movimiento de los tallos favorece la secreción de una hormona, la citoquinina, que hace que los tallos crezcan más fuertes. Este trabajo, en el exterior, lo hace el viento. 
Otro de los cuidados serán las podas, sí son necesarias, ya que no todas las variedades las necesitan, pues algunas detienen su crecimiento en un instante concreto de su desarrollo. En general tampoco necesitan de poda las variedades de frutos pequeños ya que son muy vigorosas.
Haremos dos tipos de podas:
Cuando la planta comienza a florecer cortamos el tallo principal por encima del ramo de flores lo que motivará la aparición de nuevas ramificaciones en los puntos de unión de las hojas con el talo principal.
A partir de que la planta comienza a fructificar, en los meses de junio a julio, eliminamos todos los brotes jóvenes que nazcan en la unión de las hojas con cada uno de los tallos, para que la planta dirija toda su fuerza a alimentar los tomates.
En zonas cálidas, donde la tierra calentara mucho, no es necesario el acolchado e incluso podemos utilizar otras plantas que ayuden a mantener la temperatura más fresca (lechugas, pimientos,...) pero en zonas más frescas el acolchado orgánico: (hojas, paja,...) ayudará a incrementar la temperatura de la tierra.

 

La recolección ha de ser escalonada, durante 30-80 días, según las dimensiones y el color de los frutos, y por lo tanto según su utilización. Si es para ensaladas, los más duritos, y los que van quedando rezagados y maduran más, usarlos para salsas, conservas o asados.
Los tomates maduran mejor colgados en la planta pero los verdes pueden maduran en un lugar cálido. En los lugares cálidos se secan al sol y se pueden congelar enteros sin tener que prepararlos en modo alguno (puedes pelar los tomates congelados poniéndolos en agua caliente durante un segundo).
Si están en el exterior cuando se acerquen las heladas se cortan los tallos y se cuelgan boca abajo en un lugar aireado, seco y protegido para que los tomates maduren.
Si están en invernaderos, hay que dejarlos colgados y prevenirlos del moho. En invernaderos sin calor es artificial, con condiciones secas y sin heladas pueden mantenerse productivos en invierno.
(Apunte: maduran más rápido si se tienen plátanos cerca.)

 

 Tolerante en esta materia, excepto en lo que se refiere al drenaje, pues un riego excesivo en el que la tierra no puede absorber el agua con suficiente rapidez, produce un encharcamiento que pudre las raíces y favorece el desarrollo de enfermedades. 
Preferiblemente buscar suelos sueltos de textura silíceo-arcillosa y ricos en materia orgánica. No obstante se desarrolla perfectamente en suelos arcillosos enarenados.
En cuanto al pH>, el ideal para el cultivo del tomate es el cercano al neutro (7), debiendo corregir con enmiendas en el caso de suelos ácidos o básicos.

 

Es importante que la tierra tenga bastante materia orgánica, por lo que durante el invierno se puede mezclar con la pala estiércol orgánico y antes de plantar ( a principios de junio) hacer otra incorporación. 
Añadir cáscaras de huevo trituradas en el fondo de los hoyos de las plantaciones de tomates, aportan un 93% carbonato de calcio, un mineral indispensable para preparar el suelo.

 

Las flores de los tomates son perfectas y auto-fecundas, por lo que el modo de reproducción de los tomates es por autogamia. 
La mayor parte del tiempo, las flores no necesitan agentes polinizadores pero se encuentran ciertas variedades de tomates que son visitadas frecuentemente por abejas o abejorros. 
Para que una fecundación sea apropiada, debe haber condiciones de clima adecuadas; de lo contrario la fecundación quedaría total o parcialmente afectada.
La condición climática óptima para que se genere una buena polinización del tomate se produce a temperaturas entre 23 y 25°C y una humedad relativa entre 60 y 80%.

 

Algunos de los problemas del tomate pueden ser el gusano de alambre y el mildiu y, en contadas ocasiones la presencia de otros parásitos, como el pulgón. 
Para luchar contra el pulgón pulverizaremos la planta, dos veces en la semana, con una infusión de ajo. Si el ataque es muy serio recurriríamos al jabón de potasa para pulverizarlos. 
El mildiu es producido por un hongo, y origina manchas de color marrón-amarillo en las hojas. Se puede prevenir pulverizando semanalmente las plantas con cocción de cola de caballo. 
Para prevenir el mildiu también enterramos al pie de la planta unas hojas de ortiga, pero también podremos emplear el caldo bordelés o, aún mejor por no tener efecto secundario alguno, unos alambres de cobre de unos 40-50 cm, de longitud, que clavaremos en la base del tallo principal y enroscaremos sobre sí mismo. Este hilo de cobre no deberá estar barnizado, o no resultará efectivo. En el caso de estar barnizado será necesario proceder a su lijado. Los iones que libera el cobre ayudan en la protección contra los hongos.

 

Es la fruta más utilizada en los platos culinarios puesto que tiene semillas.
Contiene componentes beneficiosos para nuestro organismo: gran cantidad de agua, hidratos de carbono, hierro, magnesio, potasio y fósforo, vitamina A, B1, B3, C (aporte de 40%), D, E y vitamina K que ayuda a la coagulación de la sangre y controla el sangrado).
Compuesto de ácido cumárico y ácido clorogénico. Son esenciales en la lucha contra las nitrosaminas que se producen en el cuerpo por el tabaco.
Es un grandísimo antioxidante por su alto contenido en licopeno, (un flavonoide eficaz contra los problemas del cáncer que causan los radicales libres y además previene la oxidación de lípidos séricos, ejerciendo así un efecto protector contra las enfermedades cardiovasculares. El consumo regular de tomate ha demostrado que disminuye los niveles de colesterol LDL y los triglicéridos en la sangre, culpables de las enfermedades cardiovasculares ya que dan lugar a la deposición de grasas en los vasos sanguíneos), y de glutatiol que se encuentra fundamentalmente en la piel por lo que es recomendable comerlos crudos y que ayuda a eliminar las toxinas u metales pesados como el plomo que se acumulan y deterioran nuestro organismo.
Es diurético y depurativo (vitamina A y C); regula las funciones intestinales por lo que es un gran aliado en nuestro sistema digestivo y urinario.
Ayuda a controlar la hipertensión, antiinflamatorio, ayuda a la cicatrización y regeneración de los tejidos musculares, óseo y sistema nervioso. Previene enfermedades como demencia, Alzheimer y esclerosis múltiple y la fibromialgia. Es además, un gran desengrasante cutáneo empleado en tratamientos de cosmética como mascarillas, cataplasma…etc…

 

La más conocida es que se plante junto a la albahaca. Se recomienda plantar dos líneas de tomates y sembrar albahaca en los 2 extremos para proteger el tomate del pulgón.
Asociaciones favorables: el alyssum (atrae mucho a los polinizadores), la Caléndula francesa (ahuyenta a la mosca blanca), las zanahorias, apio, capuchina, cebolla, cebollino, coles, lechuga, menta, pimientos, perejil, ajos y espárragos.
Asociaciones desfavorables: Pepino, judías de enrame, patatas y colirrábano.
La asociación con el perejil, especialmente si se sitúa por donde sopla el viento, protege las tomateras de la mosca blanca.

 

 Las semillas de tomates tienen una duración germinativa media de 4 años, aunque si la conservación es buena puede llegar a 10 años y más. 

 

 

 

Para tener unas buenas semillas es necesario en primero lugar dejar madurar el tomate sobre la planta, hasta que esté blando, eligiendo los mejores ejemplares. 
Para extraer las semillas cortar el tomate y extraer la pulpa para guardarla con algo de zumo en un vaso y a temperatura ambiente, hasta que se forme una capa de moho de color blanco a negruzco.
En ese momento colocar el resultado en un colador y lavar con abundante agua batiendo hasta que queden limpias.
Dejar secar las semillas en un lugar bien aireado y cálido, preferentemente sobre una tela mosquitera de plástico, para que no se peguen.Frotar las semillas dentro del hueco de la mano para despegar las que están enganchadas unas con otras.  Cuando estén bien secas las guardaremos en botes de cristal herméticamente cerrados.

 

A continuación te ofrecemos una serie de links en los que podrás encontrar más de 1000 maneras diferentes de cocinar el tomate, para que lo hagas a tu gusto.

 

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